Buscar este blog

domingo, 31 de mayo de 2009

Carta abierta a la niñez de mi hija

Hola niñez. Iba a escribirte una carta de despedida cuando te fueras, pero decidí en cambio escribirte mientras aún estás. Porque los homenajes hay que hacerlos en vida. De todos modos, si miro para adentro, todavía está conmigo la niñez que supe tener. Aparece de vez en cuando, viendo la tele, jugando con Lari a los muñecos o cuando la adultez me arrincona y me pregunta cosas que no sé responder.
Gracias niñez por estar con mi hija todavía, te lo digo mientras hacés tus valijas despaciosamente. Gracias porque otras, a esta edad, ya se han ido en un abrir y cerrar de ojos. Vos sabés que vivimos en un mundo que no las quiere a ustedes las niñeces.
Hay pequeñas personas sin niñez porque, sencillamente, se las esperaba para poner en sus bracitos responsabilidades de grandes. Se las ve juntando cartones, vendiendo diarios, abriendo puertas, cuidando autos, acarreando hermanos, recogiendo frutillas con barro hasta las orejas.
Hay humanos nuevos que por un rato fueron niños. Después vino el señor mercado a tentarlos con sus productos: discos, ropa, celulares. Debían despedir a su niñez para llegar a ese estado que hace relamer al lascivo mercado, para convertirse en preadolescentes que ven sus programas, conversan sus temas, adquieren sus uniformes. Y como son cosumidores son consumidos. Los cuerpos deben desarrollarse pronto para convertir a los humanos nuevos en población sexualmente activa. Es que la juventud ya no es lo que era, un concepto extendible de los 18 a los 40. Como los electrodomésticos, a poco de llegar, la gente se oxida, los hombres y mujeres se arruinan y el mercado pederasta deja de prestarles atención. Porque insisto, la plata grande la generan los más chicos. Por eso el culto a la juventud extrema, por eso las lolitas, por eso las mochilas vienen con portacelulares, por eso a las niñas les diseñan ropitas de bataclanas.
Por eso digo, niñez de mi hija, gracias por todavía estar. Porque en el fondo me gusta cuando me llama para matar arañas, porque todavía me consulta cosas que sé que ni bien te vayas me consultará sólo en ocasiones.... O no, en una de esas pudimos con mi mujer establecer con ella un vínculo que trascienda las edades. Acaso sigamos siendo lo importantes que nos creemos.
Como sea niñez quiero agradecerte la felicidad que me das. Al decir de Serrat, no pude impedir que sufra, no pude evitar domesticarla ni transferirle ciertas frustraciones. Pero sí pude darme cuenta y disfrutar del momento fugaz de su inocencia, sí pude entender que algunas cosas que no se miran de nuestros hijos, desaparecen como burbujas en el aire. Hay tanto padre ciego, hay tanto padre que nunca ejerce, con tanto apuro por jubilarse, que creo, infancia, que venimos haciendo un buen equipo.
Te propongo que cuando te vayas, quedemos en encontrarnos de vez en cuando. Capaz que con mi propia niñez podamos reunirnos y jugar con Pluto a que se enamora de la princesa.
Gracias niñez de mi hija. Sé que te tenés que ir. No haré como otros que se empecinan en que te quedes nomás para mantener la dependencia de sus hijos, los llenan de miedos, les enseñan a desconfiar de todos. De ninguna manera, la vida debe seguir su curso, la vida no es juego... Ya lo sabés, de eso nos venías hablando.
Un beso. Quedate un ratito más.

Yo