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lunes, 28 de diciembre de 2009

Aire

En mi ciudad el aire se detuvo. No que paró el viento, ni baja presión: el aire se detuvo por completo. Tan extraño es, que me siento en necesidad de explicar sus consecuencias.
Cuando el aire fluye como debería ser, las fauces humanas y animales, las hojas de las plantas, reciben oxígeno mezclado con otros gases de manera contínua. Es como tomar el caldo de una sopa. Uno chupa el caldo más cercano en la cuchara y luego viene a la boca el caldo que rodea a los fideos, hasta que quedan solo éstos pegados y uno los come y recarga sin dejar de sentir el líquido en la lengua. El movimiento del aire ayuda a tener una constante provisión de oxígeno. Cuando mucho, puede pasar que por un incendio o el escape de un auto, éste venga algo reducido, pero el gas vital llega lo mismo.
Como en mi ciudad se detuvo el aire, están pasando cosas extrañas. Las personas deben moverse todo el tiempo como tiburones. Agotado el oxígeno de la inhalada de acá, deben dar la siguiente un paso más allá, generando un camino desoxigenado en el movimiento. Quiere la suerte que el espacio en la ciudad sea tan grande que no se ha dado caso en que coincida el camino que hace uno con el que hizo otro. Porque además la gente tiene distintas estaturas. Pero es raro ver señoras boqueando por los campos, siguiendo su necesidad de respirar. Debe decirse además que cada hueco de oxígeno utilizado es reemplazado por una masa equivalente de dióxido de carbono.
Cosas de la física, como la resistencia del aire que hace detener los cuerpos, ya no corren para nosotros. Un pelotazo puede recorrer quilómetros antes que las leyes de la gravedad hagan lo suyo.
Es extraño ver a palomas, loros y gorriones deambular por las calles caminando y buscando capturar vida con sus picos.
También es raro el silencio total que se ha apoderado de la ciudad, dado que el aire quieto no transporta sonido como antes. Puede explotar un auto o caerse una campana a nuestro lado sin que lo percibamos.
Las plantas se están secando, aunque tienen la salvación a centímetros de sus poros.
Propuse incendiar la ciudad y se aceptó, pero el fuego no agarra.
Debo ser breve, necesito respirar. Ayuden a Mar del Plata. Apantállen-nos

martes, 8 de diciembre de 2009

La seguridad



Le comentaba a alguien de una barrita de amigos que se formó en la cuadra. Y concluímos que era raro que esto pase en los tiempos que corren. Los chicos ya no salen, están de la casa a la escuela, de la escuela a la colonia o en la habitación con el celular o la play. Y no sólo ellos, también los grandes han/hemos perdido -por ejemplo- la costumbre de salir a la vereda a tomar mate. El verbo "puertear" ha quedado reducido a un instante sexual y ya no es esa mezcla de chusmerío y sociabilidad que implicaba sacar una silla y el equipo de mate en los atardeceres de los meses cálidos.
Obviamente, a grandes y chicos nos devoró la inseguridad.
Recordé unas palabras del psicopedagogo italiano Francesco Tonucci. Él dice que los niños deben estar en la calle, su espacio natural. Y cuando le replican que no, que la calle es insegura, Tonucci responde que "la calle es insegura porque no hay chicos en ella". Porque si nuestros hijos estuvieran en la calle, habría adultos controlando, un grande estaría viéndolos o yendo a buscarlos y el delito no sería tan factible.
La calle es insegura porque la gente "de bien" se fue de ella, dejando el espacio público a chorros y malvivientes. Si mañana todos saliésemos a la vereda, ¿dónde o a quiénes podrían atacar los delincuentes sin ser vistos? Los asaltos proliferan en el aislamiento colectivo, en la reducción voluntaria de los espacios que sí transitamos los no ladrones.
Imaginemos que es al revés, que somos todos delincuentes y cada casa es una celda. Cómo resultaría más fácil a un guardiacárcel darnos un palazo? Con todos en la puerta o cada quien en su jaula? Por cierto, la segunda alternativa facilita las cosas. De a uno por vez nos darán el palo.
Además de alternativas a largo plazo que pasen por mejorar las condiciones de vida generales, reforzar el sistema educativo, enseñar y ayudar a ser padres a quienes por estar en el círculo perverso de la pobreza no han podido aprender, promover formas de expresión cultural o deportes en las zonas marginadas que permitan a los niños acceder a las alternativas que hoy la sociedad no ofrece, una medida de corto plazo sería salir de nuestra cueva, encontrarnos con los otros, mirarnos, escucharnos. Salir a la vereda a tomar mate, que los chicos se junten con otros chicos para armar una casita con ramas.