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lunes, 22 de noviembre de 2010

sábado, 30 de octubre de 2010


Qué horrible debe ser andar buscando alguna pista que te permita volver a ser el que fuiste, al que la gente creyó que eras.

Te miraba el otro día con un yanqui que te contaba que subieron las acciones, Yaski que adornaba la mesa con el cupo filo-oficialista, María O' Donnel, la chica lista del stablishment, y el definitivamente inefable Martín Caparrós. Era muy gracioso escucharte atender al gobierno porque no lo dejaba ir a Cobos al velorio. O trazar comparaciones con el protocolo norteamericano, que impone que si se muere un presidente van los anteriores.

Te explico, gordo, por qué es diferente la situación de allá con la situación de acá. A vos que siempre parece que le estás hablando a una estudiante de la UBA a la que te querés voltear haciéndote el sabio, te la voy a hacer sencillita. A vos que no parás de caer rodando hacia el valle de la pelotudez, a vos te digo. Los ex-presidentes gringos concurren al velorio de sus pares porque son exactamente eso, pares. Demócratas y republicanos han sido siempre y por igual muñecos del poder real, la mascarada de formalidad institucional detrás de la cual venden armas los fabricantes, destruyen paises las empresas reconstructoras, aplasta el pensamiento crítico la industria del entretenimiento.

Acá pasa otra cosa, sabés. Acá pasa que de un tiempo a esta parte (algunos nos dimos cuenta más tarde, otros más temprano, otros esta semana) la política le arrebató a la economía el manejo de la cosa. Dicho de otra manera, los cargos electivos reemplazaron a los poderes de facto en la toma de decisiones. Y eso, Lanata, genera rispideces. Porque además de cambiar (o intentar cambiar) de mano la conducción de este país, se lo hace en nombre de un paradigma diferente: se está tratando de que la tortilla se vuelva, como dice la canción española. A mi gusto es demasiado poco lo que se ha avanzado sobre el poder omnímodo de los ricos, pero si este mismo gringuito que tenías ahí sentado te cuenta que se elevó el Dow Jones por la muerte de Kirchner, algo debe significar, que vos obviamente no llegás a comprender.

En un idioma que guardo muy adentro porque tampoco la pavada, esto que te cuento se llama lucha de clases. Los pobres un día se avivan y tiran de la manta para taparse. Y hay crispación, hay tensión, hay puteadas, Lanata. Llevalo de nuevo a De Narvaez y preguntale por ésto, con tus palabras. Vas a ver que se crispa.

En fin, que feo ser vos. Porque eras un referente para muchos periodistas, gordo. Y ahora sos esto. Sabés de qué me acordaba cuando ponías esa sonrisa socarrona hablando del velorio? Del bicentenario me acordaba. Que te chupaba un huevo decías, que no significaba nada. Parecés un nene tratando de llamar la atención con un berrinche en medio de la fiesta. No tendrás sueño?


jueves, 28 de octubre de 2010

Murió Nestor.


como aun no lo enterraron, dejaré los discursos laudatorios (los sinceros y los hipócritas) para el collar completo de la política y la farándula.
Es una cagada que se haya muerto este hombre. Ha sido el motor de la discusión política de los últimos tiempos y concretó en poco tiempo las aspiraciones que parecían utopías de mucha gente.
Creo que la enorme cuestión en este día será aprender a reposicionarnos en la cancha, ya que contamos con un jugador menos. El rival lo sabe y se viene con todo, hambriento de nuestras redes.
Sería un error, como creo que se insinuó anoche en 678, circunscribir este proyecto a los peronistas. Privatizarlo en una estructura con historia de traiciones y oportunismo. Cierto que también una historia de militancia y de conquistas sociales. Pero el tema es Duhalde y son los otros. Ahora que murió un dirigente que batalló ahí adentro por arrebatarles el espacio imagino a más de uno cruzando la calle con total descaro.
Admitidos los enormes valores de Néstor Kirchner, a la hora de señalar defectos, debería constar que abandonó la llamada transversalidad para concentrarse en dominar la estructura pejotista y, en algunos casos, aliar figuras progresistas (Raimundi, Sabatella, etc) pero sin dotar a esa estructura ampliada, de un mecanismo democrático que construya segundas líneas medianamente autónomas. Era el líder cuasi imprescindible, en una lid (o conjunto de batallas) demasiado grande como para que resultara simple sostenerla. Él tenía la iniciativa, una buena iniciativa, la lanzaba desde un acto y esperaba el contraataque. Después jugaban los peones Aníbal, Randazzo y 678 y Víctor Hugo en lo mediático, a librar la enorme guerra comunicacional.
Parece que hablara como si Cristina no existiese. Sí que es una buena presidenta, a la que no le falta inteligencia y firmeza. Pero debe reconocerse que el tejido político correspondía a Néstor, una especie de araña que tejía la tela de lo que llanamos kirchnerismo.
Al contrario de lo que dice el hijo de puta de Fraga Cristina tiene la oportunidad de cambiar el rumbo, para exactamente el lado opuesto. Profundizarlo, solidificarlo en alianza con el mismísimo pueblo, saltear las barreras del partidismo para enfocarse ecuménicamente en la construcción de nuestro propio modelo de socialismo latinoamericano, esta expresión que empieza a circular para definir a Lula, a Evo y a Rafael Correa. Con distintos matices, nuestros compañeros de barco enfrentan monstruos parecidos que dicen lo mismo desde la propiedad de los medios y también conspiran.
Yo digo de nuevo "acá estoy". Lo dije en Semana Santa, en Villa Martelli, en la asamblea de la Plaza Italia, cuando Néstor cambió la Corte en los primeros días, cuando hubo que pelear la Ley de Medios y tantas veces. Acá estoy. Quisiera primero que no me vuelvan a cagar. Segundo saber encontrar el camino de participación que lo impida esta vez.
Para decir con toda la boca: neoliberalismo nunca más.

Jorge Köstinger

domingo, 12 de septiembre de 2010

Cómo se hace para comer un durazno, si uno quiere comer uno.(reedición)


Para comer un durazno maduro acaso primero deba proveerse de un babero grande o tener una toalla a mano o desnudarse el torso. Porque es una fruta destinada a manchar la ropa y a llenar la cara, barba, dedos con su generoso y abundante jugo.
Coloque el durazno sobre una superficie despejada y dedíquese a observarlo sin tocar. Perciba primero su perfume, deje que penetre en sus fosas nasales para acondicionar el ambiente de los sentidos con su dulzura etérea. Después observe la fina armonía de su forma. Desintegre el todo llamado durazno en una multiplicidad de partes y atiéndalas en particular. Primero el color. Estamos hablando de los duraznos amarillos, de piel aterciopelada y hueso no adherido a la carne. Fragantes. Blandos pero turgentes, con el color justo que la naturaleza pinta para llamar a los comensales, sean estos hombres o bestias. Es indefinible este color, tanto que en sí mismo es referencia dentro de la paleta de la naturaleza. Puede variar en sus partes más voluminosas, adquiriendo un femenino rubor, como si la fruta se avergonzara de su propia belleza, como si poseyera la virtud impostada de una doncella a la que se corteja con poemas de amor.
Note a continuación su vellosidad sutil. Tiene pelitos sí, pero tratan de pasar inadvertidos; sólo están allí para captar la humedad necesaria. Puede uno notarlos claramente cuando una gota de agua decide acampar en el abismo de su redondez. Ahora sí tóquelos. Pero que sea a una escala atómica. Que el durazno llegue a creer que sólo imagina una caricia. Apoye la yema de un dedo en uno de esos extremos pilosos. Apenas combe un poco más el pequeñísimo sable vegetal. Y después sí, peine delicadamente y trace la superficie. Que el durazno sepa que está siendo acariciado. Convendría que con una mano fije el fruto a la mesa y con la otra recorra la geografía duraznera. Tendrá el efecto de una carta documento: se le notifica a ud. que la caricia que ahora lo complace, prontamente será reemplazada por una dentellada profunda y final.
Notará que el durazno empieza a clamar que le desgarre la piel. Puede ser que esta aseveración se trate de lo que en psicología se llama transferencia, y sea uno el que se desespere por llegar a la pulpa. Da igual. El durazno no podrá contradecirlo, es un vegetal casi inerme.
Cómaselo de una vez. Primero una mordida en la parte más saliente. Tomando como referencia al durazno parado, con la zona del cabo hacia arriba, la zona más saliente coincidirá con el diámetro mayor de este bello producto del reino vegetal. Una mordida que desnuda al durazno de un trozo pequeño de su piel. Deténgase un momento a contemplar esa carne cercenada que ya desvestida empieza a inundarse de almíbar. Brilla y fulgura su humedad, como aceptando la nueva condición de objeto pronto a ser devorado.
En este punto, ya usted con esa dulzura deshaciéndose en la boca, no podrá esperar mucho más para ir a por todo y arrancar un pedazo mayor de durazno. Adelante. Este segundo bocado hará que sus dientes rocen el hueso y probablemente empiece, como se advierte al comienzo, a llenársele la barba de jugo. Séquese si le molesta, pero no pierda el ritmo de masticación. Vale aclarar que una vez introducido el pedacito de durazno en las fauces, no será ya tarea de los dientes su desintegración, sino de un trabajo mancomunado del paladar y la lengua. Notará que la materia sólida pasa rápidamente a líquida, produciendo un desmesurado placer a sus sentidos. Es este acto de comer duraznos, un verdadero paseo sensorial. Porque oirá, si presta debida atención, el sonido de las gotas cayendo sobre usted o sobre la mesa y el chasquido continuo de su boca trabajando sobre el fruto. Olerá el integrado aroma a sol de una fruta a medio desnudar.
El durazno ha quedado abierto de par en par. Desguazado por su hambre, carecerá de la mitad de su relativa esfera, como esas representaciones gráficas del interior del planeta. Aquí el magma se llama carozo. Ha llegado usted al corazón del durazno. Esa joya arrugada ha sido descubierta por fin, como la tumba de un faraón. Todos los pasos previos no tenían otro objeto, para el durazno y para el duraznero, que liberar este hueso de su cárcel de pulpa. Justamente por eso, las zonas adyacentes al carozo lucen más oscuras, mucho más intensas en su color, como si dijera al explorador que ya está llegando a su meta. Del mismo modo, el sabor se intensifica hasta la locura de todas las papilas.
Debe aquí tomar una decisión. O rodea el núcleo del durazno, comiendo la otra semiesfera, trazando un vuelta de calesita en derredor de este centro y evitando que el mismo se desprenda, o procede de la siguiente forma: tome al durazno con los extremos de ambas manos. Ojalá no tenga una prenda de marca cubriendo su torso. Con un dedo retire el carozo de su cuna. Ahora, mientras sostiene al fruto por la espalda, sumerja su cara enteramente en el hueco. Goce de las paredes de esta habitación recién barnizada, libe cuanta gota se desprenda de su entorno y empiece a redecorar este interior con el cincel que le venga en gana (pueden ser los dientes, la lengua, la nariz, una cucharita de té). Es interesante observar la presencia de estalactitas y estalagmitas en esta cueva. Son las arterias que se incrustaban en el corazón y ahora quedan como manos colgando del techo, emergiendo del piso, protestando por el vacío.
Déjese atrapar por el durazno. Caiga dentro de este abismo dulce, conviértase por un instante en el centro mismo de este pequeño universo frutal. Viva allí por unos meses, pague las expensas, tenga reuniones de consorcio imaginarias, discuta con el encargado, grite ascensor.
Más tarde o más temprano el durazno habrá desaparecido de la faz de la tierra. Pero tendrá usted la boca pintada de dulzura y una honda satisfacción en su paladar.
Haga con el carozo lo que le venga en gana. A fin de cuentas se trataba sólo de un durazno.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reflexión Papel Prensa

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Coleccionamos palabras muertas, también palabras que se aletargan y que un día resucitan cuando son necesarias. Tlön, Uqbar….sonidos que no significan para quien no haya visitado o sido visitado por Borges. Y a la vez nombres que reviven para los que leyeron el cuento, aunque no atinen a recordar de qué iba.

Ludibrio y Eutrapelia son figuras penales que acaso tengan aprendidas los abogados. Yo las archivé un día que una jueza determinó que eran delitos en los que incurrió el Actor Cómico de la Nación Tato Bores cuando la mencionó en uno de sus sketchs.

En estos días reflexioné que pareciera haberse dado un cierto abandono de tres términos muy utilizados en otros tiempos para analizar la política: statu quo, establishment y realpolitik. El primero es una locución latina que se traduce como “estado del momento actual”. Es el orden en que están las cosas, una foto de los elementos del sistema que sólo describe la ubicación de cada uno sin cuestionarla, como podría hacerse a la luz de cierto criterio o de algún sentido de justicia.

El segundo es una voz inglesa. Alude al “conjunto de políticos e intelectuales que operan en favor del poder económico y social establecido”.

El último viene del alemán y es fácilmente deducible: es la política de la realidad, lo opuesto de una política fantasiosa, exagerada, principista o utópica.

Posiblemente originado en años de hegemonía neoliberal, en los que el capitalismo machacó planetaria y denodadamente para instaurar la certeza de un modelo único, el abandono de estos tres términos podría querer reverse de la mano de una incipiente recuperación del sentido de lo público que, en su mera enunciación, crispa al hasta ahora angurriento e ilimitado sector privado.

Por supuesto, el embrollo informativo en torno de Papel Prensa, es un ejemplo de la reacción de una parte del poder real (nadie puede creer realmente que el único poder real de nuestro país esté constituido por Clarín) cuando es puesto en cuestión. La afrenta presidencial es al statu quo, lo novedoso del gesto es que alguien se atreva a romper el equilibrio conquistado a través de tantos años. Curiosamente, la frase latina completa es “statu quo ante bellum”, es decir la situación de poder y liderazgo con que contábamos antes de la guerra. Las guerras alteran el orden, sacan a los generales de sus quicios, cuestan dinero sostenerlas, mueren personas y privilegios y se corren las fronteras. Magneto define a su puja con el gobierno como una guerra, la oposición lo vive como una invasión y Kirchner como una cruzada. Como sea, el sonido de los sables ha venido a perturbar el orden. Un orden que ha echado mano a dictaduras que lo impongan, a democracias que se dejen comprar y a políticos y empleados que guarden silencio sobre los mecanismos de la conquista.

Contra el cuestionamiento del estado de las cosas, sale a dar batalla el Establishment. Y ya que no puede sostener desde la idea central, opta por las secundarias, todas ellas ciertamente atendibles.

Por qué no lo hicieron antes? Es verdad, por qué no lo hicieron. Si la respuesta depende de Lidia Papaleo, ya la dio en la entrevista televisada. Varios abogados y varios estudios jurídicos le desaconsejaron meterse con Clarín y la declararon perdedora antes de empezar.

Y por qué no lo manifestó en los juicios a las Juntas? Aquí, si la pregunta es formulada con el mismo rigor con el que se dijo que el fiscal Molinas nunca encontró nada turbio en la adquisición, ni merecería una respuesta. O habría que revisar los legajos de los ’80 si no fuera que cualquier persona tiene derecho a reclamar haber sido víctima de crímenes de lesa humanidad en el momento en que lo crea pertinente, teniendo en cuenta la ventaja de tratarse de delitos imprescriptibles.

Qué quiere Kirchner? Por qué ahora está enojado con Clarín si antes estaba contento con el grupo y se reunía con Magneto? Posiblemente Kirchner tenga la mezquindad de promover desde las sombras una medida que favorezca a los diarios de Spolski y de Rudy Ullúa. Posiblemente Kirchner Néstor y Cristina no hayan cuestionado antes a un grupo con el que podía dialogar y con el que hacía negocios. Contrapregunta que atiende a lo central (con perdón del Establishment): en qué medida el cambio de postura del gobierno vuelve más justa la adquisición con aprietes de Papel Prensa? Y es un tema, por otra parte, que tiene demasiada historia en nuestro país. Sin demasiados detalles, ya en mis épocas de estudiante de la carrera de Periodismo a fines de los ‘80, se manejaba el tema de la distribución arbitraria del papel para diarios en la Argentina. Julio Ramos, desde Ámbito Financiero, aburría con su grito solitario. Del mismo modo, era un secreto a voces que Ernestina tenía adoptados a hijos de desaparecidos. Cualquier periodista que se preciara de tal manejaba esos datos. Era eso y saberse la Trama secreta de los medios contada por Ricardo Horvath.

Pero más allá de las preguntas que sobre los temas aleatorios hace el establishment para ensayar una defensa del statu quo, la otra gran estrategia es reinstaurar la Teoría de los Dos Demonios, que ingenuamente creíamos derrotada. Se empieza por Graiver, apretado por los montoneros para que les rinda el rescate de los Born. La secuencia es: si Graiver era poderoso, si los montoneros eran poderosos, había necesidad de traspasar ese poder a las empresas periodísticas dominantes, con asistencia de picana. Volvemos a lo lógica de que a la perversión de los guerrilleros era necesario anteponer la hiperperversión del Estado que secuestre, quiebre, mutile, machaque y viole, apropie niños para crear un nuevo orden infinitamente más justo: el orden de los negocios concentrados. Y esa necesidad continuaría aún con la guerrilla derrotada por completo, con los delegados obreros muertos y los intelectuales exiliados. Había que pasar de la persecución al escarmiento. Y después de ajustar cuentas, había que sembrar una semilla para las generaciones futuras, inocular el terror para todo aquel que ose cuestionar a los negocios como campeones del sistema argentino.

Es la parte bella de la historia Papel Prensa. Acabe como acabe, se ha fisurado la barrera que se prometió infranqueable. Es hasta divertido ver a los súbditos buscar y rebuscar excusas para que todo siga siendo como era.

La acusación de fondo a la presidenta es haber incurrido en una política fantasiosa, irreal, utópica, definitivamente desterrada. Haber puesto a la política a revisar los negocios en vez de garantizarlos. Todo lo contrario de la realpolitik. Aunque alguien haya definido a la política como el arte de lo imposible.

viernes, 14 de mayo de 2010

por la vuelta


Si me permiten entro a mi cuarto del fondo medio bebido. Están tocando unos tangos en la librería y yo estoy con una ginebra en mi oficina. No tengo gran cosa que decir, sólo me parece un buen momento para estar con uno. Y antes de ponerme a pensar, me pongo a escribir. Les cuento que en algún sábado de mayo El Puente, programa que con Vanesa hicimos tantos años, capaz que vuelve al aire. De a ratos. Ya contaré los detalles. Me resulta rara la vuelta, rara y necesaria. Descubro que la vocación ha descansado y hace fuerza entre las costillas para volver. Volver ya sin reconcores, volver para decir unas cuantas cosas, para poner en voz muchos pensamientos, para levantar la mano entre la multitud, para que salga por las cuerdas vocales la eterna necesidad de cambiar el mundo. Un pequeño aliento en medio de la tormenta, un pedo en el viento, pero en suma el aire mío, el aire nuestro que clama por salir. Por ahí descubro que sólo tengo pavadas, por ahí ya todo se ha dicho. No sé, se verá en el tiempo. Salud amigos, salud.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Crítica literaria



No sabía si escribir de un caracol que observé mientras fumaba en el banco de plaza que tenemos en el parque de la librería, o si hacerlo sobre el libro que terminé anoche. Ahora sí se.
El libro que leí anoche se llama El Colectivo y lo escribió una persona cordobesa. La persona cordobesa se llama Eugenia Almeida. "El colectivo" es lo mejor que leí en mucho tiempo. Un sinfonía perfecta, con un ritmo narrativo genial que hace que una historia en apariencia chica, resulte tan interesante como la más variopinta aventura de piratas. Pero el libro no es de piratas. Tampoco es un libro sobre colectivos. Es sobre un colectivo en particular que no para, pasa pero no para. La explicación en el libro de este episodio en la vida de un transporte público de larga distancia, es a la vez un botón de muestra de la década del '70 vivida en los pueblos de mala muerte del interior deep.
Lealón. Irais a escupir la tumba del escritor más laureado que tengais enterrado en la zona. Podeis adquirirle en librería Polo Norte, Av. Constitución 5843, sector literatura latinoamericana para el lado de la mesa de novedades. Sale $36. Acá está la foto:



viernes, 30 de abril de 2010


Escuchame una cosa vida. No puedo decir que nunca te reclamé nada, porque no he hecho otra cosa que reclamarte el camino que los sueños prometieron. Pero una vez de vez en tanto estaría bueno que salga mi número. Y fijate que en el fondo ni siquiera estoy seguro de quererlo, porque entiendo que la felicidad que proveés no es para llorones ni mendicantes, que a vos se te conquista con el mucho luchar, con el mucho honrarte. Pero es que levanto la cabeza de esta noria en la que me hallo metido y empujando y siento profundamente que algo me estás debiendo. Tenés que tener un premio para mí que se me olvidó reclamar. Es lo que hago ahora.
Ojo que también soy conciente de todo lo que me has dado o - quiero creer- he conseguido. Mis hijas, mi mujer, mi intelecto, mis manos y mis piernas.
Pero fijate si en un bolsillo no te quedó un trofeo, una torta de jamón una caricia un reposo inesperado un paseo por los caminos que deseché una ovación un lugar en tu cuadro de honor.

sábado, 24 de abril de 2010

Amistades en red



Mi papá creía que si uno hablaba con alguien el tiempo suficiente, tarde o temprano iba a encontrar que alguna vez el camino entre ambos tuvo puntos en común. Y que eso valía para cualquier habitante de la tierra. Entonces, cada vez que conocía a una persona arrancaba por el apellido, seguía por lugar de nacimiento, ocupaciones, estudios... Era hablador papá.
Me parece que las redes sociales son un poco eso, fascinan por las casualidades y las coincidencias. Un problema, pienso, es que en lugar de seguir cada uno su viaje, como ocurría antes, todo queda plasmado en un mosaico permanente de nombres y caras del pasado junto a nombres y caras del presente. De vez en cuando un pescado podrido se engancha en la red, uno que es amigo de un amigo de un amigo, que tal vez sea un enemigo, un indeseable, un perdido de ex profeso. Y entonces procedemos (procedo, no generalicemos) a revisar los hilos de plata de la trama, buscando dónde está la falla, hasta donde alcanza la afinidad con los seres que nos rodean.
Ejemplo: H, es un HdP. Deja un comentario en el post de M, que es amigo porque es amigo de R y como sabemos, los amigos de mis amigos son mis amigos. Pero si R es realmente mi amigo, partiendo del falso supuesto que en esa amistad se funda en ciertos valores (como que en la vida de cualquiera de los dos un H nos haya cagado y por ende para el otro ese H debería condenarse al peor de los infiernos) cómo carajo se relaciona con M que es amigo de H? Hasta dónde llega el carácter transitivo, qué cosas para tus amigos son intangibles y sagradas. Hasta dónde llega mi tolerancia con las asimetrías de mis amigos. En mi caso, me reconozco intolerante. Así como me siento incapaz de sonreir a los enemigos de mis amigos, me desmorono al ver que no me retribuyen con la misma moneda. Y me voy.
Empiezo a creer que las redes enredan, confunden, socavan. El pasado y el presente en primer plano encubren la mentira de creer que fue por un bolsillo roto lo que se cayó por el camino, que no fue nuestra mano sino el cruel destino el que hizo la cirugía para seguir adelante. Parecemos adorar a los dioses virtuales que convierten nuestra vida en un collage donde se juntan los mejores óleos recién comprados, con las envolturas de chicles que escupimos hace rato.
Y pese a estas conclusiones, allí sigo enviando solicitudes y aceptando otras. Incluso tengo nuevos amigos que fueron amigos de otro, yo, que ya no soy.

miércoles, 14 de abril de 2010


Por suerte me dí cuenta del ardid. Es como el genial parlamento de El abogado del Diablo que sale de la boca de Al Pacino. Mira, pero no toques, prueba pero no tragues. Vivimos atravesados por un discurso sanitario,una mezcla de orientalismo y cúmulo de indicaciones médicas que nos llaman a detenernos, a disfrutar de las pequeñas cosas, hacer deportes, comer fibras, comprar envases verdes en el súper, tomar agua, reirnos, salir de vacaciones, verle el lado amable a la existencia tirando siempre buena onda porque vuelve, pensando en positivo. Dicen que así la vida se prolonga en cantidad y calidad. Esa vida que se te pasa mientras estás ocupado en otras cosas.
Pero tan perverso como ponerle más sabor a los alimentos que menos debemos ingerir, es, además de cargarlo a uno con muchas más tareas que las que podemos soportar, meterle por el culo del inconciente la culpa por no vivir como se debiera. O una cosa o la otra, si querés que salga a correr con una botellita de agua no me pinchés las gomas del auto, si querés que oiga el ronroneo de un río, no me pongas a hacer cola para pagar los impuestos.
Y no me salgan con filósofos arrojados a la práctica de sus cavilaciones como Thoreau porque el chabón bien que fabricaba lápices y algún canuto fácil debía tener o alguien que le mantenga la familia, o era un garca que por hacerse el banana silvestre desnutrió a sus hijos.
De modo que a la mierda los libros de autoayuda, que alguien me ayude a ayudarme. Y nada de buenos consejos sobre salud física o espiritual, que se meta debajo del auto y me vuelva a poner el tubo de escape en su sitio. Yo me voy a saborear un apio bajo los árboles.

domingo, 4 de abril de 2010

Saeta de palabras a la hora de la comida.


Qué es una frase así dicha. Una exhalación dotada de sentido, es aliento racional, un manojo de palabras que entendemos y luego se desvanecen como si viajaran dentro de una burbuja que hace plop.
Pero esas palabras efímeras, en ocasiones se hacen flecha y se incrustan para siempre en la diana de la memoria. Y eso sin que lo sepa quien las dice. Y allí iremos con la flecha incrustada en el medio de la frente.

Hoy: papá, yo a veces pienso que no voy a poder encontrar un hombre tan maravilloso como vos.

es todo. Listo calixto, llevenmé nomás, mi tarea en este planeta está cumplida.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Vómito blanco


Sabés una cosa, yo siento que pegué una vuelta en este tema. Es decir, tenés una época en que necesitás reafirmar tanto y tan permanentemente tus convicciones, que no das a tu cabeza ni medio espacio para -por ejemplo- tener una visión demasiado crítica del lado del que estás. Eso de no concederle ninguna ventaja al enemigo haciendo su trabajo de encontrarte los errores. Pero me doy cuenta que a la larga, son esos mismos errores no reconocidos los que te debilitan.
Te la hago corta. Estoy a favor de la educación pública. Ta? (diría la loca infame Carrió). Y desde mi lugar he peleado por la educación pública en sus muchos aspectos. Desde el apoyo a marchas y carpas blancas, la atención a los reclamos sectoriales, la adhesión a las protestas de alumnos y docentes de distintos niveles por diferentes motivos: contra la Ley de Educación neoliberal, contra la de Educación Superior, por mejores condiciones edilicias, por más escuelas y más aulas, todo eso.
Pero hoy tengo las pelotas llenas de los que se aprovechan de la fuerza que han conquistado. Me refiero a cierta clase de docente que, amparándose en los fueros especiales que le otorga la estabilidad del empleado público y, en lo específico docente, la titularidad de un cargo, agarra y falta cuanto quiere, sin previo aviso, ahí tenés, hora libre, hacé lo que puedas nene.
Hay buenos docentes, hay muchos docentes que son un lujo. Pero así como no deberíamos tolerar que haya cirujanos negligentes, tenemos que hacer algo con los docentes ñoquis .
Hubo una época de empresa públicas. Estaba bueno tener el petróleo en manos de todos. Y cuántas posibilidades nos hubiera dado que el suministro de energía eléctrica, gas y otras cosas provinieran de un Estado eficiente. Pero, ocurrió que a las empresas las fueron vaciando adrede, se desinvirtió y las convirtieron en elefantes ineficientes como para que la topadora privatista neoliberal les pase por arriba sin posibilidades de defensa. Un espanto. No sólo no se pagó ninguna deuda con esa tonelada de guita, sino que la deuda aumentó de la misma inescrupulosa manera que hasta entonces. Pero tampoco me olvido que los gremios que salieron a defender estas empresas, antes hicieron demasiadas veces la vista gorda a sus empleadores y, a esto voy, con sus propios compañeros. Una de rascarse el higo, de llamar a EEUU porque el teléfono lo pagaba magoya, las famosas cuadrillas argentas. Esas omisiones en procura de mejorar el trabajo estatal, ¿alguien alguna vez se hizo cargo? Menem es el presidente más hijo de puta que tuvo la democracia. Pero lo ayudaron loco, la sociedad le allanó tanto el camino que debería provocar algo de vergüenza. Perdón si en mi propia valoración me exceptúo y exceptúo a otros de esa condena. Porque mientras Sergio Lapegüe era productor de Neustadt y una ristra de periodistas hacía palmas a las privatizaciones yo y otros puteábamos.
Hoy siento que estamos en un camino parecido, aunque con matices. Digo que hay mucho discurso laudatorio a la escolarización que consiguió indirectamente la asignación por hijo. Pero la educación pública, sobrecargada, se cae a pedazos. Si no se nota más es porque los docentes están conformes con su sueldo. Si no, estaríamos escuchando de su reclamo salarial, tendríamos paros adonde meterían las condiciones de las escuelas para que no crean que les interesa sólo la guita propia.
Y no es que se aliente la educación privada como en los '90. De hecho, pareciera que -salvo por los subsidios que obtuvieron muchas escuelas de gestión privada para el pago de salarios- ha dejado de ser el negocio rentable que parecía. Pero como las públicas están mal y dos por tres hay que suspender clases, qué hace un padre que ve que su hijo pierde el tiempo y se queda con las ganas de estudiar. Puede intentar pelearla, yo en cuanto puedo lo hago, pero la cabeza te empieza a trabajar para el lado contrario. Pura ambición de padre eso de que el hijo tenga una buena educación. Y si lo paso a un privado?
El tema no está en la agenda de nadie, ni Clarín ni 678. Es. No parece porque no se lo analiza, pero es.
Y los docentes, a los que reconocimos como legítimos trabajadores cuando peleaban por sus salarios, no están -en un porcentaje que no se puede determinar a capricho- a la altura de sus obligaciones, que las tienen. Insisto, hay muchos docentes que se pelan el culo trabajando, que se enfrentan con toda la violencia de la sociedad en las aulas, que van a buscar en sus precarios autos a chicos varados en el barro...todo eso, los buenos. Y los malos?

Por eso te digo, a lo peor me estoy derechizando sin querer. Pero no me jodas con que es progresista hacerte el pelotudo cuando una docente se enferma para una escuela pero para la otra está sana. O falta un cuatrimestre entero sin reemplazo, sin módulos de estudio, sin nada de nada. Qué sistema es este. Después nos llenamos la boca cuando cualquier discusión acaba con que "eso se arregla con educación". Ahí tenés, no se arregla. Tenés 180 días de clases, los alumnos están en la escuela, pero.... como que la eduación debería ser otra cosa.
Digo yo que no se nada.


martes, 23 de marzo de 2010

Memoria, justicia, memoria de nuevo.

La búsqueda de justicia es una forma de vida. La memoria un ejercicio de la mente, un esfuerzo por mantener en el presente registros del pasado. Lo que llamamos memoria, respecto de lo ocurrido en la dictadura cívico eclesiástica empresarial y militar, es un llamado a que la sociedad no olvide o que la sociedad se entere lo que ella misma ha permitido con su indiferencia.
Durante la segunda guerra mundial, los aliados que llegaban a los campos de concentración nazis, traían a los vecinos en camiones a darse una vuelta por el espectáculo del horror. Sabia medida. No hubiera sido lo mismo si se les permitía una autocrítica en la cocina, si se les dejaba relativizar el genocidio del que fueron parte, atribuyéndolo a las exageraciones del enemigo victorioso. Cada uno de sus brazos en alto, cada heil gritado al führer convalidó la cremación de 6 millones de seres humanos. O como mejor se ha expresado, un ser humano incinerado 6 millones de veces.
En la Argentina, un hombre fue perseguido por sus ideas, fue encarcelado por su militancia, fue torturado en los genitales porque sí, fue arrojado al mar con las manos amarradas, se le prohibió ejercer su profesión, debió abandonar el país, fue mutilado, fue violado, sintió el terror helarle la sangre 30 mil veces. Mientras, otro hombre lo consentía porque a ello llamaba el orden. Mientras, un periodista atribuía sus heridas a un accidente doméstico y un cura bendecía la cruz a la que lo clavaban y un empresario bajaba los sueldos de los que quedaron vivos y debidamente escarmentados. Esto último, lo que hizo la banda de espectadores y actores, ocurrió millones de veces.
Pero hubo un grupo que empezó a gritar a tiempo. Eran hombres y mujeres que gritaban, lloraban y gritaban, lloraban gritaban caminaban, marchaban. No había soldados aliados para que carguen a los vecinos, porque los soldados eran los enemigos más visibles y todavía tenían los hornos encendidos. Después, los soldados se fueron, pero hubo que gritar mucho para que la sociedad escuche lo que de debía.
Un día, mientras estaba en el secundario, los gritos llegaron a mí. Y fui con los gritos a mi casa. Y, me doy cuenta hoy, aún estaba mi casa invadida por el grito castrense. Después de años de sobremesas encendidas, me empezaron a escuchar. El silencio se había muerto y los gritos eran más y más fuertes.
Fue en eso que me hice periodista. Y con mi compañera llevamos el grito a la radio. Y no había otra radio que gritara. Esta vez desde los medios, era un grito solitario.
Llegó un momento en que la verdad histórica se escuchó sin estridencias. Descarnada, la verdad entró en todas las casas. Y muchos gritos castrenses que aún vibraban debieron guardarse en un placard. El empresario y el periodista, el cura y el militar siguieron con sus cuentas y otros cuentos, sus misas y regimientos. Cuestión de confundirse con otros, con los justos.
De modo que la tarea no es memorizar lo que es imborrable de nuestra memoria colectiva. La tarea memorizante es recordar y retener en el recuerdo a los culpables que no culpamos.
Y por haber gritado desde que supe del grito, tampoco puedo olvidar a los que callaron. Muchos de ellos hoy militan lo que antes no militaban pero dicen haber militado. Es ahí donde mi memoria falla, no los recuerdo. Y no quiero llevarme a lo que me reste de historia, ciertos recuerdos falsificados. Por eso de que la justicia es una forma de vida, mi forma de vida.
No tolero las presencias que tanto se ausentaron. No digiero la bendición de los que gritaron en solitario. Me rehúso al chantaje que aúna el ejercicio de la memoria, con determinado proyecto político o signo partidario. No me banco que legítimos y oportunistas vayan bajo la misma bandera.
Que los horribles griten su mierda de nuevo para provocar. Hagámosle recordar que han perdido.
Y creo que si algo podemos y debemos hacer, es empezar a gritar amorosamente la historia a nuestros hijos. Y enseñar que es un hombre o una mujer, siempre, el que hace la diferencia. Un hombre o una mujer multiplicado por miles.


lunes, 22 de marzo de 2010

Nunca te pasó?


Que la mente se te queda como en blanco? No digo carente de ideas, digo como el gato que se queda mirando una brizna de polvo que baila en un rayo de luz, digo como Tom Hanks en Rescatando al soldado Ryan, cuando está en el puente al final de la película y una bomba lo dejó turulato y sin comprender demasiado la situación le entra a sacudir tiros a un tanque. Bueno así. Es como un estado de beatitud, como que la cabeza se estuviera reseteando de un atasque por superposición de programas. La mente en azul con unos líneas que van y vienen hasta que aparezca Windows. Está bueno, es como una idiotez placentera.

sábado, 20 de marzo de 2010

Paren a Gardel, si sigue cantando la arruina



Esta semana empecé mi año lectivo como docente de eter, gran único terciario de comunicación de mar del plata. Estaba con los alumnos de locución, disertando sobre la producción de programas, cuando sugerí que si van a hacer un programa de jazz, porque esa es la consigna, no vayan a wikipediar "jazz" y con lo que ahí diga producir el discurso o planificar el primer tema musical, porque es el primero que registra la historia del género en el artículo correspondiente de la enciclopedia virtual. Porque el que quiere escuchar jazz quiere escuchar lo que el oído medio contemporáneo de los jazzeros establece inorgánicamente como bueno. Si bien es cierto que hay clásicos inevitables, las novedades y la evolución de cada ritmo ocupan, deberían ocupar buena parte de las preferencias. Mezclar armoniosamente. Les decía: "porque con el tango pasa lo mismo, si queremos hacer un programa de tangos, no podemos pegar con Magaldi; tendrá que estar, pero es indispensable que integremos las nuevas voces y letras, que hoy por hoy están cantando desde la música ciudadana a los asuntos del siglo XXI". Y conté que en el antro de perdición de la ignorancia donde me desempeño (ver link Polo Norte) el otro día vinieron unos tangueros a cantarle a Gardel. Además de que no vino ni el loro, advertí que, efectivamente, los tipos cantaban Gardel, tal cual. Todo, la voz, las tres guitarras. Y me pareció una bosta, perdonenmé. Porque una cosa es Gardel Gardel, el original, el que conquistó al mundo antes de estrolarse en Medellín, al que hay que escuchar con frituras y reconocerle su enorme talento. Pero es un talento de allá lejos y hace tiempo. Hoy, la música aquella, reproducida textualmente, es tosca, brutal. De otro modo, Gardel debería seguir liderando los ránkings. Y no lo hace. Nuevos instrumentos musicales, nuevas máquinas editoras y otras inflexiones vocales vinieron a reemplazar aquellas, aunque las sigamos valorando, ubicándolas en su tiempo. Pasa con el cine, con la pintura, con el teatro, con todo. Evolucionamos, cambiamos...

Y después me puse a pensar en las idelogías. Y después me puse a pensar en los discursos y en el oído medio. Y en cuánta frase hecha. Y en cuánto trabajo por hacer desde el pensamiento.
Gardel no canta cada día mejor, ni ahí.

viernes, 19 de marzo de 2010


Ahí tenés, ahí tenés. Hoy me apuro a escribir porque estoy lleno de pensamientos positivos. Es que a la noche me dormí recontratemprano? Es que la última imagen no fue un paciente moribundo de Dr. House? I dont know. Pero bueno, antes de que se me pase dejo constancia.
Sabés qué pasa? que no quiero llegar, comer y dormirme. Además de ciertos ejercicios muy sanos para hacer en pareja, si me duermo al toque me parece que vivo para trabajar, que la vida es trabajo, que soy un engranaje chaplinesco de la cruel maquinaria capitalista. De modo que leo un poco, hago zapping de una punta a la otra y cuando empiezo como a cabecear, como justo coincide con cierto hambre, me levanto, me hago un sámbuche y me lo vengo a comer mirando cualquier cosa, puede ser La vida moderna de Rocko, camioneros sobre hielo del discovery o lo que sea. Y después me engancho con House y su mundo truculento, con Cuddy y Trece que están bárbaras. Me molesta un poco la demagogia de la serie, que hace que a último momento el doctor tenga una de esas epifanías y salva al paciente que ya dábamos por fiambre. Pero bueno. Adónde iba? Los pensamientos positivos, eso. Ahí están.

jueves, 18 de marzo de 2010

Historia demasiado corta


Es la fiesta de casamiento de los enanos. Van llegando los invitados al galpón del club acondicionado con guirnaldas, luces de colores y hasta máquina de humo. Hay enanos y hay normales, todos vestidos apropiadamente. Como hace calor, muchos hombres llegan en manga de camisa y tienen lamparones de sudor en los sobacos, mucho antes del carnaval carioca.
El enano vende biromes en los micros, a los que se sube veloz pero con esfuerzo. Supo estar en un circo, pero la exhibición de rarezas humanas declinó tanto como la de tigres azotados. Así que perdió su pasión por obra del humanitarismo ajeno.
Ella fue puta un tiempo. Es enana y bonita, bien proporcionada y con culo y tetas algo más grandes que lo corresponderían a la escala. Nunca dejé de inquietarme al pensar a sus clientes como pederastas potenciales. Dicen que era una fiera, una fierita dicen. Después empezó en el maxikiosco de la prima, donde conoció a Cortito.
Hay canapés y copa de espera. Después de un rato llegan los novios en el fitito con moño que les preparó y manejó Roberto. Vienen de sacarse fotos en el parque del museo, en la costa y en los subibajas de la plaza Mitre.
En un momento, después del primer plato (pollo o sorrentinos, ambos demasiado fríos) el animador interrumpe los temas de Montaner y llama a los concurrentes a la pista. De a poco se juntan los de siempre: el tío borracho, el lote de mujeres solteras que bailan juntas, los que tienen cara de culo porque no les gusta bailar, el gay que se mueve como una anguila.
A los novios los turnan para bailar, como es costumbre, con gente del otro sexo. A Cortito lo ponen con una alta a la que no deja de mirarle la bombacha por en medio de un tajo del vestido, mientras le grita frases con su voz de helio que él cree ingeniosas. En el lado del galpón donde anda Rita (le quedó Rita como diminutivo de "Mentira") están haciendo el juego de tirar gente para arriba. Primero le toca al tío en pedo, después a un par de bagartos y ahora a ella. Los lanzadores sobreestiman el peso, la enana va a dar al techo y queda agarrada de los fierros, puteando y pataleando en el aire como un juguete a cuerda que se encuentra con la pared. Todos se matan de la risa.
El enano ni se da cuenta porque sigue mirando la bombacha blanca de encaje. Lo van a llamar tentados de risa mal. Y el enano llega corriendo justo cuando Rita se anima a soltarse.
Cuestión que la enana se rompe bastantes huesitos porque la atajan a medias porque los rescatistas están retorcidos por las carcajadas. Los enanos se van al hospital y la fiesta sigue, de lo más animada.
Una tía se desmaya, pero por otra cosa.

martes, 16 de marzo de 2010



Viste que hay un colectivo que va a la nada? No, no es nuevo, yo también creía pero no, parece que está desde siempre. Es el 556. Creo que del puerto al centro hace el mismo recorrido que el 53 pero hasta Colón. Después se mete por una cortada que nadie conoce y enfila para la nada. No se donde es la nada, depende de cada uno. Para mí sería un pueblo de la provincia de Buenos Aires donde tiene que haber viento y polvo. Unas casas, un bar, un maxikiosco, una piecita alquilada a un viejo que vive solo y nunca habla de nada. Arroz blanco para el almuerzo, cigarrillos para la cena y un frasco de Arlistán. Para otro será una ciudad llena de gente, para otro un televisor lleno de Riales y Fortes que gritan.

viernes, 12 de marzo de 2010

Lo que me pasa


Lo que me pasa es que cada vez que vengo a esta habitación del fondo, es porque estoy triste o emocionado. Rara vez he descubierto una verdad o llego hasta acá salticando de alegría. De modo que lo que va quedando en las paredes, parecen jeroglíficos de un alma en pena, el registro que servirá a un juez para cerrar un caso de suicidio, el diario de bitácora de un pirata de a pie.
Si llego sin intención, a la espera de que alguna idea me ilumine, me quedo mirando lo que escribí el otro día y trato de pergeñar una muy luminosa, chistosa y cordial que compense. No me sale ninguna y cierro.
Posiblemente sea el periodismo que todavía llevo metido. Eso de que no es noticia el avión que llega, pero sí el que se estrella. Las noticias son pequeñas rupturas en lo cotidiano. Si abro la heladera y las cosas están frías, no hay nada que contar. En cambio si todo está derretido, chorreante y podrido, ahí tengo lo comunicable.
Hay otros que transitan la ficción. A mí la realidad me basta para ocupar la cabeza. Está llena de trocitos interesantes, abunda en detalles, sólo en apariencia intrascendentes. Y para mí la realidad siempre fue la realidad política, hasta que por hache o por be dejaron de pagarme por contarla o interpretarla. Entonces, la sigo mirando pero no digo nada. Me abruma tanta proliferación de frases hechas, de opiniones que se compran en el kiosko como una tarjeta de Personal, tanta falta de pensamiento, no digo ya con el que coincidir, sino con el que empezar un debate medianamente interesante. Pero me consuela pensar que aun creo en cambiar el mundo antes de que el mundo me cambie a mí.
Y soy melancólico, qué joder. Un día le voy a pedir a mi vieja que me pase algunas fotos de cuando era chico. En todas tengo esa cara de triste que me la da cierta caída en el cieloraso de los ojos, en la parte sin pelo de las cejas. Y por ahí estaba de lo más contento, en un cumpleaños o algo así. Mi papá me decía que estaba siempre melancólico y meditabundo, ahora que me acuerdo. Así que para qué me complico, no voy a cambiar justo ahora, soy como un Mafaldo.

Y ahí va quedando otra marca en la pared.
Ma sí, prefiero ésto que el Facebook, que es recareta.
Me hago fan de este cuartito. Eso sí, tengan a bien revisar aleatoriamente alguna entrada de esta historia blogueada a ver si dan con algo que los anime y que me haya salido por casualidad.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Eliminando frases que le salen a uno como un spam

- Qué linda campera
- Uh, tiene más de 15 años

- Qué lindo sueter
- Te gusta? Era de mi hermano

- Lindos zapatos
- bah, son una baratija. Cien pesos ahí al lado de la fábrica de pastas

- Estás linda
- No es cierto, peso un kilo de más

- Buen trabajo
- Te parece? Yo no me quedé conforme

Otras respuestas posibles: a) sí b) estoy de acuerdo, me queda de puta madre c) te quedás corto, son extraordinarios d) yo sí, estoy linda. Vos estás de lo más feo e) no es bueno para nada, es insuperable

Respuesta inapropiada: Gracias (da por sentado que hay un esfuerzo del otro lado por cursar un cumplido inmerecido)

viernes, 19 de febrero de 2010

Oliverio


Poema El Puro No
de Oliverio Girondo



El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no

martes, 16 de febrero de 2010

La espera


Vi el domingo un documental de Patricio Guzmán acerca de su documental de antes, La Batalla de Chile, ese que relata el triunfo de la Unidad Popular con Salvador Allende a la cabeza. El nuevo, el de ahora (que en realidad no es de ahora sino del 96), el que presentó Bayer por Encuentro, es su vuelta a Chile del exilio, las matanzas pinochetistas, los sobrevivientes recordando a los desaparecidos, la confusión de los jóvenes en la historia sesgada. Se llama "Chile, la memoria obstinada".
Me conmovió. Y me quedé pensando en nuestra generación, la mía. De qué va mi generación, pensaba. Porque cuando era chico nuestra generación era la siguiente, la que vino después de las matanzas, la que, tan desconocedora como la juventud chilena en democracia, empezó a asomar la cabeza del rincón del miedo adonde nos habían metido. Nos dijimos que había que continuar por los compañeros caídos, nos dijimos que había que atreverse a ocupar el espacio vacío. Nos quedaba grande la ropa y no sabíamos bien qué hacer con ese mandato. Tuvimos nuestro bautismo en las rebeliones carapintadas. Tuvimos nuestros desengaños en el felices pascuas que determinó el fin de la primavera alfosinista, odiamos a Menem, promovimos el trueque en el inicio del milenio. Aquí estamos, supongo que cansados.
Viendo el documental me pregunté si a nuestra generación le tocará la espera. No ser la anterior y no ser la siguiente, el rellano de una escalera hacia alguna parte. Alguna?
Y me emboló la idea. No es que haya creído que nos iba a tocar la revolución sandinista. Supe siempre que no veríamos ponerse de moda entre los jóvenes de clase media la alfabetización popular. No obstante los hay que alfabetizan a los oprimidos, que levantan radios comunitarias, que fabrican ladrillos. Pero digo nosotros, los que no vivimos en las villas ni vamos a ella a darle ansiolíticos a nuestra conciencia burguesa.
No quiero que la mía sea una generación de espera.
Pero nos la pasamos esperando. Ahora esperamos con la masa el mundial, que ojalá no tengamos la desgracia de ganar.
Después esperaremos a ver quién gana entre Nestor y Mirtha, si aparece Cobos como el político emergente de este proceso de mierda, si Duhalde decide volver a darse topetazos con el macho alfa peronista de turno, si a los niños bien de la derecha les da el cuero para bancarse ir por el basto territorio argentino. Y después a esperar que esplote todo en 2012, con adelantos y previsiones del Discovery Channel.
Esperar. Esperar. Esperar a ver si alguien nos dice en qué consiste nuestra parte cuando se afirma que a este país lo arreglamos entre todos.
Esperar a que alguien suene la trompeta que unifique a los buenos que están escondidos en las vidas que les alcanza.
Esperar a que el capitalismo se tropiece con sus contradicciones y esta vez se la de en serio.
No quiero esperar amigo. No quiero mirar atrás y verme como una Penélope imbécil de la política, como alguien que esperó en vano un tren que ya había pasado.

viernes, 5 de febrero de 2010

Propuesta #549 (posabrazos)



Cuando uno va al cine lleva los dos brazos, si es que los tiene.
En dos butacas contiguas, hay espacio para dos personas con sus culos, pero sólo lugar para tres brazos; en tres butacas contiguas hay 4 posabrazos y 6 brazos, en cuatro butacas 5/8, en cinco 6/10.
Con esta disparidad, más propia de Paenza que del autor de este blog, creo que va siendo hora de que se reglamente el uso de tales espacios para apoyar el bracete. Porque hay, en esta suerte de Vacío Legal, microscópicas batallas por la posesión y usufructo de la referida comodidad transitoria que, extrapoladas a la cantidad de cines y teatros del mundo, explican claramente el odio que carcome la humanidad.

martes, 2 de febrero de 2010

No va más



La vida es como una ruleta. No, la vida no es como una ruleta, yo ayer pensé que mi vida se parecía a una ruleta, como también he pensado que se parecía a una calesita, a un circo, a una película y otras comparaciones de las que hecho mano para buscar sentido a las cosas contradiciendo el precepto zen de no hacerlo. No seré zen zazen.
Ni original. Algo así debe haber pensado el maricotas de Sócrates bebiendo un jugo de cicuta con mango, aunque aún no se hubiera inventado la rula.
Y porque sí. Ahora tengo casi todas las fichas puestas en este número y no me muevo de la mesa, esperando que la bola se detenga en él. No hay demasiadas opciones ni el dinero es ilimitado. Son 36 números además del cero, son tres docenas, son mayores o menores, pares o nones, negros o colorados, el ganador estará en alguna de las columnas. Dinero aquí es igual a energías, números o chances equivalen a opciones de vida, no sé a qué equiparar el tiempo.
Durante años aposté a un proyecto que otros malograron retirando mis fichas. Después traté de sostenerme yendo a color. Recuerdo que mis viejos, que estaban construyendo una enorme casa en plena hiper, fueron con sus últimos pesos a jugarlos en el casino y jugaron a negro o a colorado. La bola estaba en movimiento y el croupier les hizo un gesto (algo saben los croupiers, son inconcientes agentes del destino), perdieron todo. Y cuando volvieron a casa pelaron una frase que aparentemente es cierta: "El que juega por necesidad, pierde por obligación".
Yo juego por necesidad. Vos jugás por necesidad, todos lo hacemos. No queda alternativa. Podés dejar la ficha en una calle o en un semipleno, pero hay que jugar, hay que elegir una de las opciones y apretar los dientes.
Las preguntas que quedan son las de siempre: nos llevamos algo al retirarnos? qué es? Acaso la manera de aceptar las pérdidas o las ganancias determinen tener más de 37 números en una mesa del cielo.
O no, tal vez el juego sea de otro y no sea la ruleta sino nosotros jugando a la ruleta.

Más preguntas
1) Por qué no jugar a varios números a la vez: aumenta la posibilidad de ganar, baja la ganancia, reduce el tiempo de permanencia si no sale ninguno.
2) Quién pierde: el que se queda sin fichas
3) La bola existe?: No
4) El croupier es Dios?: No, se llama Juan Arnaldo Gambuzárgangla y es asmático.

miércoles, 27 de enero de 2010

viernes, 22 de enero de 2010

De chico, mandarinas y ciruelas apenas gestadas, ácidas hasta el entumecimiento de mandíbula. Ahora, no sé por qué, a las ciruelas las quiero amarillas y dulces, flotando en un balde con agua, como las que recuerdo de un verano en el campo de Pedrito, un tío segundo tartamudo. Las quiero a punto de parir, que al morderlas rompan fuente en la boca.

Y a los atardeceres los quiero frente a una laguna indeterminada, sentado en un muelle con una pequeña caña, con la boya naranja registrando piques que terminan siendo cangrejos comiéndose la carnada. Atardeceres de Criollitas con paté y peces saltando y un croar que ensordece mientras los tábanos se lo comen a uno.
Las despedidas cortas. Sin embargo, me gusta el final de Don Segundo Sombra: "La silueta reducida de mi padrino apareció en la lomada. Pensé que era muy pronto. Sin embargo, era él, lo sentía porque a pesar de la distancia no estaba lejos. Mi vista se ceñía enérgicamente sobre aquel pequeño movimiento en la pampa somnolienta. Ya iba a llegar a lo alto del camino y desaparecer. Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos. Sobre el punto negro del chambergo, mis ojos se aferraron con afán de hacer perdurar aquel rasgo."
Ignoro si realmente será una forma de enriquecerse. Se me ha dado por atesorar registros sensoriales. Un álbum que integran, por ejemplo, el olor a lavandina de las manos de mamá al intentar ayudarme con las tareas ("intentaba" no porque no pudiera ella con la tarea, no he podido yo con las ayudas), el primer correteo de Cami hacia mis brazos, la descomunal escultura que las nubes formaron en el cielo un verano, el sabor de los Superbazooka de naranja que mascábamos con Marcos. Las cosas inútiles de la memoria de Funes, el de Borges. Inútiles pero constituyentes de la vida, como los contratos, como las graduaciones. Quiero la sabiduría de ver el todo, pero el arte de ver también cada detalle.

martes, 19 de enero de 2010

Haití / Galeano



La democracia haitiana nació hace un ratito
por Eduardo Galeano
Sin Permiso LA DEMOCRACIA HAITIANA nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto. El voto y el veto Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera. Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole: - Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen. La coartada demográfica A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema: - Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede. Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado. En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado. .. de artistas. En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro. La tradición racista Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización" . Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses". Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro". En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras". La humillación imperdonable En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores. La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía. El delito de la dignidad Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra. Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad. La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

domingo, 10 de enero de 2010

Una menos y no jodemos más


No entiendo, no lo quiero entender, nunca nunca lo haré. Qué tiene la música, a ver decime, que tiene por sobre otras ramas del arte para incorporar esa molesta modalidad de la yapa, comunmente llamada "una más y no jodemos más".
No lo puedo evitar, me fastidian los recitales. Búrlense ustedes amantes del pogo y del yalala y del olé olé olé, hagan mofa de mi defecto. Me cansan a la mitad. Es más o menos hasta donde llega mi voluntad de hacer palmas y de corear estribillos (acción a la que de entrada me niego por esto de que yo pago para que VOS cantes). Después de ese momento todo es esperar a que por fin se termine. De estar en mi casa ya estaría escuchando a un músico distinto o -lo más probable- mirando Los Simpsons. No sé, tengo poca capacidad de atención o la música que me gusta no me gusta tanto como creía antes de ir al recital.
Y cuando por fin parece que se terminó, cuand0 ya metieron el hitazo y todos los temas de relleno, cuando ya todos aplaudieron a rabiar con lágrimas en los ojos y toda la banda se despide y yo ya me pare con la camperita y las llaves, brota desde el piso el canto lastimero y mendicante, la turba toda se entrega al reclamo de otro pedacito porque -claro- nunca nunca será suficiente y los podríamos escuchar todo el día sin ir al baño. Una más y no jodemos más (x5 o 6). Me dan ganas de darme vuelta y decir: déjense de joder ahora pelotudos. Y ahí va todo de nuevo. Vuelven los músicos (no se habían ido) con cara de "y bueno, si nos lo piden así" y salen con otro temita que a vos pelotudo sin remera te vuelve loco. Y dale, y las palmas, y dale que va.
Lo que yo no entiendo es por qué esta misma gente no va a teatro y hace lo mismo. Ya sé que no va mucho, pero ponele que vaya. Y cuando salen los actores les cantan ésto y así le agregan otra escena. O van al museo y en la puerta piden otro cuadro o en el cine piden un replay.
Ah, cuando hacen otra entradita sí se justificó la entrada? Antes no? Es en la yapa el orgasmo de la muchedumbre en los recitales. Si no, es como no hubieran podido acabar.
Basta de cantitos pedigûeños. Yo esperaré en el auto con cara de culo.