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viernes, 19 de febrero de 2010

Oliverio


Poema El Puro No
de Oliverio Girondo



El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no

martes, 16 de febrero de 2010

La espera


Vi el domingo un documental de Patricio Guzmán acerca de su documental de antes, La Batalla de Chile, ese que relata el triunfo de la Unidad Popular con Salvador Allende a la cabeza. El nuevo, el de ahora (que en realidad no es de ahora sino del 96), el que presentó Bayer por Encuentro, es su vuelta a Chile del exilio, las matanzas pinochetistas, los sobrevivientes recordando a los desaparecidos, la confusión de los jóvenes en la historia sesgada. Se llama "Chile, la memoria obstinada".
Me conmovió. Y me quedé pensando en nuestra generación, la mía. De qué va mi generación, pensaba. Porque cuando era chico nuestra generación era la siguiente, la que vino después de las matanzas, la que, tan desconocedora como la juventud chilena en democracia, empezó a asomar la cabeza del rincón del miedo adonde nos habían metido. Nos dijimos que había que continuar por los compañeros caídos, nos dijimos que había que atreverse a ocupar el espacio vacío. Nos quedaba grande la ropa y no sabíamos bien qué hacer con ese mandato. Tuvimos nuestro bautismo en las rebeliones carapintadas. Tuvimos nuestros desengaños en el felices pascuas que determinó el fin de la primavera alfosinista, odiamos a Menem, promovimos el trueque en el inicio del milenio. Aquí estamos, supongo que cansados.
Viendo el documental me pregunté si a nuestra generación le tocará la espera. No ser la anterior y no ser la siguiente, el rellano de una escalera hacia alguna parte. Alguna?
Y me emboló la idea. No es que haya creído que nos iba a tocar la revolución sandinista. Supe siempre que no veríamos ponerse de moda entre los jóvenes de clase media la alfabetización popular. No obstante los hay que alfabetizan a los oprimidos, que levantan radios comunitarias, que fabrican ladrillos. Pero digo nosotros, los que no vivimos en las villas ni vamos a ella a darle ansiolíticos a nuestra conciencia burguesa.
No quiero que la mía sea una generación de espera.
Pero nos la pasamos esperando. Ahora esperamos con la masa el mundial, que ojalá no tengamos la desgracia de ganar.
Después esperaremos a ver quién gana entre Nestor y Mirtha, si aparece Cobos como el político emergente de este proceso de mierda, si Duhalde decide volver a darse topetazos con el macho alfa peronista de turno, si a los niños bien de la derecha les da el cuero para bancarse ir por el basto territorio argentino. Y después a esperar que esplote todo en 2012, con adelantos y previsiones del Discovery Channel.
Esperar. Esperar. Esperar a ver si alguien nos dice en qué consiste nuestra parte cuando se afirma que a este país lo arreglamos entre todos.
Esperar a que alguien suene la trompeta que unifique a los buenos que están escondidos en las vidas que les alcanza.
Esperar a que el capitalismo se tropiece con sus contradicciones y esta vez se la de en serio.
No quiero esperar amigo. No quiero mirar atrás y verme como una Penélope imbécil de la política, como alguien que esperó en vano un tren que ya había pasado.

viernes, 5 de febrero de 2010

Propuesta #549 (posabrazos)



Cuando uno va al cine lleva los dos brazos, si es que los tiene.
En dos butacas contiguas, hay espacio para dos personas con sus culos, pero sólo lugar para tres brazos; en tres butacas contiguas hay 4 posabrazos y 6 brazos, en cuatro butacas 5/8, en cinco 6/10.
Con esta disparidad, más propia de Paenza que del autor de este blog, creo que va siendo hora de que se reglamente el uso de tales espacios para apoyar el bracete. Porque hay, en esta suerte de Vacío Legal, microscópicas batallas por la posesión y usufructo de la referida comodidad transitoria que, extrapoladas a la cantidad de cines y teatros del mundo, explican claramente el odio que carcome la humanidad.

martes, 2 de febrero de 2010

No va más



La vida es como una ruleta. No, la vida no es como una ruleta, yo ayer pensé que mi vida se parecía a una ruleta, como también he pensado que se parecía a una calesita, a un circo, a una película y otras comparaciones de las que hecho mano para buscar sentido a las cosas contradiciendo el precepto zen de no hacerlo. No seré zen zazen.
Ni original. Algo así debe haber pensado el maricotas de Sócrates bebiendo un jugo de cicuta con mango, aunque aún no se hubiera inventado la rula.
Y porque sí. Ahora tengo casi todas las fichas puestas en este número y no me muevo de la mesa, esperando que la bola se detenga en él. No hay demasiadas opciones ni el dinero es ilimitado. Son 36 números además del cero, son tres docenas, son mayores o menores, pares o nones, negros o colorados, el ganador estará en alguna de las columnas. Dinero aquí es igual a energías, números o chances equivalen a opciones de vida, no sé a qué equiparar el tiempo.
Durante años aposté a un proyecto que otros malograron retirando mis fichas. Después traté de sostenerme yendo a color. Recuerdo que mis viejos, que estaban construyendo una enorme casa en plena hiper, fueron con sus últimos pesos a jugarlos en el casino y jugaron a negro o a colorado. La bola estaba en movimiento y el croupier les hizo un gesto (algo saben los croupiers, son inconcientes agentes del destino), perdieron todo. Y cuando volvieron a casa pelaron una frase que aparentemente es cierta: "El que juega por necesidad, pierde por obligación".
Yo juego por necesidad. Vos jugás por necesidad, todos lo hacemos. No queda alternativa. Podés dejar la ficha en una calle o en un semipleno, pero hay que jugar, hay que elegir una de las opciones y apretar los dientes.
Las preguntas que quedan son las de siempre: nos llevamos algo al retirarnos? qué es? Acaso la manera de aceptar las pérdidas o las ganancias determinen tener más de 37 números en una mesa del cielo.
O no, tal vez el juego sea de otro y no sea la ruleta sino nosotros jugando a la ruleta.

Más preguntas
1) Por qué no jugar a varios números a la vez: aumenta la posibilidad de ganar, baja la ganancia, reduce el tiempo de permanencia si no sale ninguno.
2) Quién pierde: el que se queda sin fichas
3) La bola existe?: No
4) El croupier es Dios?: No, se llama Juan Arnaldo Gambuzárgangla y es asmático.