Buscar este blog

viernes, 30 de abril de 2010


Escuchame una cosa vida. No puedo decir que nunca te reclamé nada, porque no he hecho otra cosa que reclamarte el camino que los sueños prometieron. Pero una vez de vez en tanto estaría bueno que salga mi número. Y fijate que en el fondo ni siquiera estoy seguro de quererlo, porque entiendo que la felicidad que proveés no es para llorones ni mendicantes, que a vos se te conquista con el mucho luchar, con el mucho honrarte. Pero es que levanto la cabeza de esta noria en la que me hallo metido y empujando y siento profundamente que algo me estás debiendo. Tenés que tener un premio para mí que se me olvidó reclamar. Es lo que hago ahora.
Ojo que también soy conciente de todo lo que me has dado o - quiero creer- he conseguido. Mis hijas, mi mujer, mi intelecto, mis manos y mis piernas.
Pero fijate si en un bolsillo no te quedó un trofeo, una torta de jamón una caricia un reposo inesperado un paseo por los caminos que deseché una ovación un lugar en tu cuadro de honor.

sábado, 24 de abril de 2010

Amistades en red



Mi papá creía que si uno hablaba con alguien el tiempo suficiente, tarde o temprano iba a encontrar que alguna vez el camino entre ambos tuvo puntos en común. Y que eso valía para cualquier habitante de la tierra. Entonces, cada vez que conocía a una persona arrancaba por el apellido, seguía por lugar de nacimiento, ocupaciones, estudios... Era hablador papá.
Me parece que las redes sociales son un poco eso, fascinan por las casualidades y las coincidencias. Un problema, pienso, es que en lugar de seguir cada uno su viaje, como ocurría antes, todo queda plasmado en un mosaico permanente de nombres y caras del pasado junto a nombres y caras del presente. De vez en cuando un pescado podrido se engancha en la red, uno que es amigo de un amigo de un amigo, que tal vez sea un enemigo, un indeseable, un perdido de ex profeso. Y entonces procedemos (procedo, no generalicemos) a revisar los hilos de plata de la trama, buscando dónde está la falla, hasta donde alcanza la afinidad con los seres que nos rodean.
Ejemplo: H, es un HdP. Deja un comentario en el post de M, que es amigo porque es amigo de R y como sabemos, los amigos de mis amigos son mis amigos. Pero si R es realmente mi amigo, partiendo del falso supuesto que en esa amistad se funda en ciertos valores (como que en la vida de cualquiera de los dos un H nos haya cagado y por ende para el otro ese H debería condenarse al peor de los infiernos) cómo carajo se relaciona con M que es amigo de H? Hasta dónde llega el carácter transitivo, qué cosas para tus amigos son intangibles y sagradas. Hasta dónde llega mi tolerancia con las asimetrías de mis amigos. En mi caso, me reconozco intolerante. Así como me siento incapaz de sonreir a los enemigos de mis amigos, me desmorono al ver que no me retribuyen con la misma moneda. Y me voy.
Empiezo a creer que las redes enredan, confunden, socavan. El pasado y el presente en primer plano encubren la mentira de creer que fue por un bolsillo roto lo que se cayó por el camino, que no fue nuestra mano sino el cruel destino el que hizo la cirugía para seguir adelante. Parecemos adorar a los dioses virtuales que convierten nuestra vida en un collage donde se juntan los mejores óleos recién comprados, con las envolturas de chicles que escupimos hace rato.
Y pese a estas conclusiones, allí sigo enviando solicitudes y aceptando otras. Incluso tengo nuevos amigos que fueron amigos de otro, yo, que ya no soy.

miércoles, 14 de abril de 2010


Por suerte me dí cuenta del ardid. Es como el genial parlamento de El abogado del Diablo que sale de la boca de Al Pacino. Mira, pero no toques, prueba pero no tragues. Vivimos atravesados por un discurso sanitario,una mezcla de orientalismo y cúmulo de indicaciones médicas que nos llaman a detenernos, a disfrutar de las pequeñas cosas, hacer deportes, comer fibras, comprar envases verdes en el súper, tomar agua, reirnos, salir de vacaciones, verle el lado amable a la existencia tirando siempre buena onda porque vuelve, pensando en positivo. Dicen que así la vida se prolonga en cantidad y calidad. Esa vida que se te pasa mientras estás ocupado en otras cosas.
Pero tan perverso como ponerle más sabor a los alimentos que menos debemos ingerir, es, además de cargarlo a uno con muchas más tareas que las que podemos soportar, meterle por el culo del inconciente la culpa por no vivir como se debiera. O una cosa o la otra, si querés que salga a correr con una botellita de agua no me pinchés las gomas del auto, si querés que oiga el ronroneo de un río, no me pongas a hacer cola para pagar los impuestos.
Y no me salgan con filósofos arrojados a la práctica de sus cavilaciones como Thoreau porque el chabón bien que fabricaba lápices y algún canuto fácil debía tener o alguien que le mantenga la familia, o era un garca que por hacerse el banana silvestre desnutrió a sus hijos.
De modo que a la mierda los libros de autoayuda, que alguien me ayude a ayudarme. Y nada de buenos consejos sobre salud física o espiritual, que se meta debajo del auto y me vuelva a poner el tubo de escape en su sitio. Yo me voy a saborear un apio bajo los árboles.

domingo, 4 de abril de 2010

Saeta de palabras a la hora de la comida.


Qué es una frase así dicha. Una exhalación dotada de sentido, es aliento racional, un manojo de palabras que entendemos y luego se desvanecen como si viajaran dentro de una burbuja que hace plop.
Pero esas palabras efímeras, en ocasiones se hacen flecha y se incrustan para siempre en la diana de la memoria. Y eso sin que lo sepa quien las dice. Y allí iremos con la flecha incrustada en el medio de la frente.

Hoy: papá, yo a veces pienso que no voy a poder encontrar un hombre tan maravilloso como vos.

es todo. Listo calixto, llevenmé nomás, mi tarea en este planeta está cumplida.