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domingo, 12 de septiembre de 2010

Cómo se hace para comer un durazno, si uno quiere comer uno.(reedición)


Para comer un durazno maduro acaso primero deba proveerse de un babero grande o tener una toalla a mano o desnudarse el torso. Porque es una fruta destinada a manchar la ropa y a llenar la cara, barba, dedos con su generoso y abundante jugo.
Coloque el durazno sobre una superficie despejada y dedíquese a observarlo sin tocar. Perciba primero su perfume, deje que penetre en sus fosas nasales para acondicionar el ambiente de los sentidos con su dulzura etérea. Después observe la fina armonía de su forma. Desintegre el todo llamado durazno en una multiplicidad de partes y atiéndalas en particular. Primero el color. Estamos hablando de los duraznos amarillos, de piel aterciopelada y hueso no adherido a la carne. Fragantes. Blandos pero turgentes, con el color justo que la naturaleza pinta para llamar a los comensales, sean estos hombres o bestias. Es indefinible este color, tanto que en sí mismo es referencia dentro de la paleta de la naturaleza. Puede variar en sus partes más voluminosas, adquiriendo un femenino rubor, como si la fruta se avergonzara de su propia belleza, como si poseyera la virtud impostada de una doncella a la que se corteja con poemas de amor.
Note a continuación su vellosidad sutil. Tiene pelitos sí, pero tratan de pasar inadvertidos; sólo están allí para captar la humedad necesaria. Puede uno notarlos claramente cuando una gota de agua decide acampar en el abismo de su redondez. Ahora sí tóquelos. Pero que sea a una escala atómica. Que el durazno llegue a creer que sólo imagina una caricia. Apoye la yema de un dedo en uno de esos extremos pilosos. Apenas combe un poco más el pequeñísimo sable vegetal. Y después sí, peine delicadamente y trace la superficie. Que el durazno sepa que está siendo acariciado. Convendría que con una mano fije el fruto a la mesa y con la otra recorra la geografía duraznera. Tendrá el efecto de una carta documento: se le notifica a ud. que la caricia que ahora lo complace, prontamente será reemplazada por una dentellada profunda y final.
Notará que el durazno empieza a clamar que le desgarre la piel. Puede ser que esta aseveración se trate de lo que en psicología se llama transferencia, y sea uno el que se desespere por llegar a la pulpa. Da igual. El durazno no podrá contradecirlo, es un vegetal casi inerme.
Cómaselo de una vez. Primero una mordida en la parte más saliente. Tomando como referencia al durazno parado, con la zona del cabo hacia arriba, la zona más saliente coincidirá con el diámetro mayor de este bello producto del reino vegetal. Una mordida que desnuda al durazno de un trozo pequeño de su piel. Deténgase un momento a contemplar esa carne cercenada que ya desvestida empieza a inundarse de almíbar. Brilla y fulgura su humedad, como aceptando la nueva condición de objeto pronto a ser devorado.
En este punto, ya usted con esa dulzura deshaciéndose en la boca, no podrá esperar mucho más para ir a por todo y arrancar un pedazo mayor de durazno. Adelante. Este segundo bocado hará que sus dientes rocen el hueso y probablemente empiece, como se advierte al comienzo, a llenársele la barba de jugo. Séquese si le molesta, pero no pierda el ritmo de masticación. Vale aclarar que una vez introducido el pedacito de durazno en las fauces, no será ya tarea de los dientes su desintegración, sino de un trabajo mancomunado del paladar y la lengua. Notará que la materia sólida pasa rápidamente a líquida, produciendo un desmesurado placer a sus sentidos. Es este acto de comer duraznos, un verdadero paseo sensorial. Porque oirá, si presta debida atención, el sonido de las gotas cayendo sobre usted o sobre la mesa y el chasquido continuo de su boca trabajando sobre el fruto. Olerá el integrado aroma a sol de una fruta a medio desnudar.
El durazno ha quedado abierto de par en par. Desguazado por su hambre, carecerá de la mitad de su relativa esfera, como esas representaciones gráficas del interior del planeta. Aquí el magma se llama carozo. Ha llegado usted al corazón del durazno. Esa joya arrugada ha sido descubierta por fin, como la tumba de un faraón. Todos los pasos previos no tenían otro objeto, para el durazno y para el duraznero, que liberar este hueso de su cárcel de pulpa. Justamente por eso, las zonas adyacentes al carozo lucen más oscuras, mucho más intensas en su color, como si dijera al explorador que ya está llegando a su meta. Del mismo modo, el sabor se intensifica hasta la locura de todas las papilas.
Debe aquí tomar una decisión. O rodea el núcleo del durazno, comiendo la otra semiesfera, trazando un vuelta de calesita en derredor de este centro y evitando que el mismo se desprenda, o procede de la siguiente forma: tome al durazno con los extremos de ambas manos. Ojalá no tenga una prenda de marca cubriendo su torso. Con un dedo retire el carozo de su cuna. Ahora, mientras sostiene al fruto por la espalda, sumerja su cara enteramente en el hueco. Goce de las paredes de esta habitación recién barnizada, libe cuanta gota se desprenda de su entorno y empiece a redecorar este interior con el cincel que le venga en gana (pueden ser los dientes, la lengua, la nariz, una cucharita de té). Es interesante observar la presencia de estalactitas y estalagmitas en esta cueva. Son las arterias que se incrustaban en el corazón y ahora quedan como manos colgando del techo, emergiendo del piso, protestando por el vacío.
Déjese atrapar por el durazno. Caiga dentro de este abismo dulce, conviértase por un instante en el centro mismo de este pequeño universo frutal. Viva allí por unos meses, pague las expensas, tenga reuniones de consorcio imaginarias, discuta con el encargado, grite ascensor.
Más tarde o más temprano el durazno habrá desaparecido de la faz de la tierra. Pero tendrá usted la boca pintada de dulzura y una honda satisfacción en su paladar.
Haga con el carozo lo que le venga en gana. A fin de cuentas se trataba sólo de un durazno.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reflexión Papel Prensa

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Coleccionamos palabras muertas, también palabras que se aletargan y que un día resucitan cuando son necesarias. Tlön, Uqbar….sonidos que no significan para quien no haya visitado o sido visitado por Borges. Y a la vez nombres que reviven para los que leyeron el cuento, aunque no atinen a recordar de qué iba.

Ludibrio y Eutrapelia son figuras penales que acaso tengan aprendidas los abogados. Yo las archivé un día que una jueza determinó que eran delitos en los que incurrió el Actor Cómico de la Nación Tato Bores cuando la mencionó en uno de sus sketchs.

En estos días reflexioné que pareciera haberse dado un cierto abandono de tres términos muy utilizados en otros tiempos para analizar la política: statu quo, establishment y realpolitik. El primero es una locución latina que se traduce como “estado del momento actual”. Es el orden en que están las cosas, una foto de los elementos del sistema que sólo describe la ubicación de cada uno sin cuestionarla, como podría hacerse a la luz de cierto criterio o de algún sentido de justicia.

El segundo es una voz inglesa. Alude al “conjunto de políticos e intelectuales que operan en favor del poder económico y social establecido”.

El último viene del alemán y es fácilmente deducible: es la política de la realidad, lo opuesto de una política fantasiosa, exagerada, principista o utópica.

Posiblemente originado en años de hegemonía neoliberal, en los que el capitalismo machacó planetaria y denodadamente para instaurar la certeza de un modelo único, el abandono de estos tres términos podría querer reverse de la mano de una incipiente recuperación del sentido de lo público que, en su mera enunciación, crispa al hasta ahora angurriento e ilimitado sector privado.

Por supuesto, el embrollo informativo en torno de Papel Prensa, es un ejemplo de la reacción de una parte del poder real (nadie puede creer realmente que el único poder real de nuestro país esté constituido por Clarín) cuando es puesto en cuestión. La afrenta presidencial es al statu quo, lo novedoso del gesto es que alguien se atreva a romper el equilibrio conquistado a través de tantos años. Curiosamente, la frase latina completa es “statu quo ante bellum”, es decir la situación de poder y liderazgo con que contábamos antes de la guerra. Las guerras alteran el orden, sacan a los generales de sus quicios, cuestan dinero sostenerlas, mueren personas y privilegios y se corren las fronteras. Magneto define a su puja con el gobierno como una guerra, la oposición lo vive como una invasión y Kirchner como una cruzada. Como sea, el sonido de los sables ha venido a perturbar el orden. Un orden que ha echado mano a dictaduras que lo impongan, a democracias que se dejen comprar y a políticos y empleados que guarden silencio sobre los mecanismos de la conquista.

Contra el cuestionamiento del estado de las cosas, sale a dar batalla el Establishment. Y ya que no puede sostener desde la idea central, opta por las secundarias, todas ellas ciertamente atendibles.

Por qué no lo hicieron antes? Es verdad, por qué no lo hicieron. Si la respuesta depende de Lidia Papaleo, ya la dio en la entrevista televisada. Varios abogados y varios estudios jurídicos le desaconsejaron meterse con Clarín y la declararon perdedora antes de empezar.

Y por qué no lo manifestó en los juicios a las Juntas? Aquí, si la pregunta es formulada con el mismo rigor con el que se dijo que el fiscal Molinas nunca encontró nada turbio en la adquisición, ni merecería una respuesta. O habría que revisar los legajos de los ’80 si no fuera que cualquier persona tiene derecho a reclamar haber sido víctima de crímenes de lesa humanidad en el momento en que lo crea pertinente, teniendo en cuenta la ventaja de tratarse de delitos imprescriptibles.

Qué quiere Kirchner? Por qué ahora está enojado con Clarín si antes estaba contento con el grupo y se reunía con Magneto? Posiblemente Kirchner tenga la mezquindad de promover desde las sombras una medida que favorezca a los diarios de Spolski y de Rudy Ullúa. Posiblemente Kirchner Néstor y Cristina no hayan cuestionado antes a un grupo con el que podía dialogar y con el que hacía negocios. Contrapregunta que atiende a lo central (con perdón del Establishment): en qué medida el cambio de postura del gobierno vuelve más justa la adquisición con aprietes de Papel Prensa? Y es un tema, por otra parte, que tiene demasiada historia en nuestro país. Sin demasiados detalles, ya en mis épocas de estudiante de la carrera de Periodismo a fines de los ‘80, se manejaba el tema de la distribución arbitraria del papel para diarios en la Argentina. Julio Ramos, desde Ámbito Financiero, aburría con su grito solitario. Del mismo modo, era un secreto a voces que Ernestina tenía adoptados a hijos de desaparecidos. Cualquier periodista que se preciara de tal manejaba esos datos. Era eso y saberse la Trama secreta de los medios contada por Ricardo Horvath.

Pero más allá de las preguntas que sobre los temas aleatorios hace el establishment para ensayar una defensa del statu quo, la otra gran estrategia es reinstaurar la Teoría de los Dos Demonios, que ingenuamente creíamos derrotada. Se empieza por Graiver, apretado por los montoneros para que les rinda el rescate de los Born. La secuencia es: si Graiver era poderoso, si los montoneros eran poderosos, había necesidad de traspasar ese poder a las empresas periodísticas dominantes, con asistencia de picana. Volvemos a lo lógica de que a la perversión de los guerrilleros era necesario anteponer la hiperperversión del Estado que secuestre, quiebre, mutile, machaque y viole, apropie niños para crear un nuevo orden infinitamente más justo: el orden de los negocios concentrados. Y esa necesidad continuaría aún con la guerrilla derrotada por completo, con los delegados obreros muertos y los intelectuales exiliados. Había que pasar de la persecución al escarmiento. Y después de ajustar cuentas, había que sembrar una semilla para las generaciones futuras, inocular el terror para todo aquel que ose cuestionar a los negocios como campeones del sistema argentino.

Es la parte bella de la historia Papel Prensa. Acabe como acabe, se ha fisurado la barrera que se prometió infranqueable. Es hasta divertido ver a los súbditos buscar y rebuscar excusas para que todo siga siendo como era.

La acusación de fondo a la presidenta es haber incurrido en una política fantasiosa, irreal, utópica, definitivamente desterrada. Haber puesto a la política a revisar los negocios en vez de garantizarlos. Todo lo contrario de la realpolitik. Aunque alguien haya definido a la política como el arte de lo imposible.