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sábado, 30 de octubre de 2010


Qué horrible debe ser andar buscando alguna pista que te permita volver a ser el que fuiste, al que la gente creyó que eras.

Te miraba el otro día con un yanqui que te contaba que subieron las acciones, Yaski que adornaba la mesa con el cupo filo-oficialista, María O' Donnel, la chica lista del stablishment, y el definitivamente inefable Martín Caparrós. Era muy gracioso escucharte atender al gobierno porque no lo dejaba ir a Cobos al velorio. O trazar comparaciones con el protocolo norteamericano, que impone que si se muere un presidente van los anteriores.

Te explico, gordo, por qué es diferente la situación de allá con la situación de acá. A vos que siempre parece que le estás hablando a una estudiante de la UBA a la que te querés voltear haciéndote el sabio, te la voy a hacer sencillita. A vos que no parás de caer rodando hacia el valle de la pelotudez, a vos te digo. Los ex-presidentes gringos concurren al velorio de sus pares porque son exactamente eso, pares. Demócratas y republicanos han sido siempre y por igual muñecos del poder real, la mascarada de formalidad institucional detrás de la cual venden armas los fabricantes, destruyen paises las empresas reconstructoras, aplasta el pensamiento crítico la industria del entretenimiento.

Acá pasa otra cosa, sabés. Acá pasa que de un tiempo a esta parte (algunos nos dimos cuenta más tarde, otros más temprano, otros esta semana) la política le arrebató a la economía el manejo de la cosa. Dicho de otra manera, los cargos electivos reemplazaron a los poderes de facto en la toma de decisiones. Y eso, Lanata, genera rispideces. Porque además de cambiar (o intentar cambiar) de mano la conducción de este país, se lo hace en nombre de un paradigma diferente: se está tratando de que la tortilla se vuelva, como dice la canción española. A mi gusto es demasiado poco lo que se ha avanzado sobre el poder omnímodo de los ricos, pero si este mismo gringuito que tenías ahí sentado te cuenta que se elevó el Dow Jones por la muerte de Kirchner, algo debe significar, que vos obviamente no llegás a comprender.

En un idioma que guardo muy adentro porque tampoco la pavada, esto que te cuento se llama lucha de clases. Los pobres un día se avivan y tiran de la manta para taparse. Y hay crispación, hay tensión, hay puteadas, Lanata. Llevalo de nuevo a De Narvaez y preguntale por ésto, con tus palabras. Vas a ver que se crispa.

En fin, que feo ser vos. Porque eras un referente para muchos periodistas, gordo. Y ahora sos esto. Sabés de qué me acordaba cuando ponías esa sonrisa socarrona hablando del velorio? Del bicentenario me acordaba. Que te chupaba un huevo decías, que no significaba nada. Parecés un nene tratando de llamar la atención con un berrinche en medio de la fiesta. No tendrás sueño?


jueves, 28 de octubre de 2010

Murió Nestor.


como aun no lo enterraron, dejaré los discursos laudatorios (los sinceros y los hipócritas) para el collar completo de la política y la farándula.
Es una cagada que se haya muerto este hombre. Ha sido el motor de la discusión política de los últimos tiempos y concretó en poco tiempo las aspiraciones que parecían utopías de mucha gente.
Creo que la enorme cuestión en este día será aprender a reposicionarnos en la cancha, ya que contamos con un jugador menos. El rival lo sabe y se viene con todo, hambriento de nuestras redes.
Sería un error, como creo que se insinuó anoche en 678, circunscribir este proyecto a los peronistas. Privatizarlo en una estructura con historia de traiciones y oportunismo. Cierto que también una historia de militancia y de conquistas sociales. Pero el tema es Duhalde y son los otros. Ahora que murió un dirigente que batalló ahí adentro por arrebatarles el espacio imagino a más de uno cruzando la calle con total descaro.
Admitidos los enormes valores de Néstor Kirchner, a la hora de señalar defectos, debería constar que abandonó la llamada transversalidad para concentrarse en dominar la estructura pejotista y, en algunos casos, aliar figuras progresistas (Raimundi, Sabatella, etc) pero sin dotar a esa estructura ampliada, de un mecanismo democrático que construya segundas líneas medianamente autónomas. Era el líder cuasi imprescindible, en una lid (o conjunto de batallas) demasiado grande como para que resultara simple sostenerla. Él tenía la iniciativa, una buena iniciativa, la lanzaba desde un acto y esperaba el contraataque. Después jugaban los peones Aníbal, Randazzo y 678 y Víctor Hugo en lo mediático, a librar la enorme guerra comunicacional.
Parece que hablara como si Cristina no existiese. Sí que es una buena presidenta, a la que no le falta inteligencia y firmeza. Pero debe reconocerse que el tejido político correspondía a Néstor, una especie de araña que tejía la tela de lo que llanamos kirchnerismo.
Al contrario de lo que dice el hijo de puta de Fraga Cristina tiene la oportunidad de cambiar el rumbo, para exactamente el lado opuesto. Profundizarlo, solidificarlo en alianza con el mismísimo pueblo, saltear las barreras del partidismo para enfocarse ecuménicamente en la construcción de nuestro propio modelo de socialismo latinoamericano, esta expresión que empieza a circular para definir a Lula, a Evo y a Rafael Correa. Con distintos matices, nuestros compañeros de barco enfrentan monstruos parecidos que dicen lo mismo desde la propiedad de los medios y también conspiran.
Yo digo de nuevo "acá estoy". Lo dije en Semana Santa, en Villa Martelli, en la asamblea de la Plaza Italia, cuando Néstor cambió la Corte en los primeros días, cuando hubo que pelear la Ley de Medios y tantas veces. Acá estoy. Quisiera primero que no me vuelvan a cagar. Segundo saber encontrar el camino de participación que lo impida esta vez.
Para decir con toda la boca: neoliberalismo nunca más.

Jorge Köstinger