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sábado, 19 de enero de 2013

Facebook

La comisión de censura deberá advertir
y el jefe de prensa difundir
que si estuvieras triste,
si un día te desprecias,
si te culpas de estar solo, si no hay plata
si no hay fuerzas
si ya no te crees una sola palabra
por favor, no la digas aquí

Fotos con amigos
fotos de fiestas, un vaso
un gato, tus zapatos, un cartel
Una advertencia de copio y pego
un somera indignación.
Pensamientos de jugo tang.
La vitalidad de un tamagochi
la complejidad de Majul o de Barone.
Eso sí.

Todo lo demás
no lo digas aquí

viernes, 18 de enero de 2013

en Facebook ya abordé el tema de la heladera retro que compré. Pero hay más.
Me detuve a mirarla mientras empinaba una botella en calzoncillos.
Con su sistema de cierre hermético, con esa tan perfectamente diseñada traba de puerta...
Si por equis circunstancia, llegara a meterme adentro...
me quedaría encerrado para siempre!
Claro, cualquiera diría que por qué iba a pasar eso, pero andá a saber.
Me preocupé en serio. Porque aunque quisiera volcarla desde adentro, tiene el cable demasiado largo. Así que, además de morir por hipotermia, lo haría golpeado y enchastrado por las cosas que hay adentro.
UNA IDEA ATERRADORA.  
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Hoy me levante y me di cuenta de que la heladera no es tan peligrosa como internet. Es más facil que me caiga ahí.
 

jueves, 10 de enero de 2013

Nocturna


"No sabés como vivo"
La frase podía significar varias cosas. Podría ser un reproche al amigo por desconocer su manera de vivir. O insinuar un escenario catastrófico, que inmediatamente sería descripto. O todo lo contrario, que la vida le sonriera y viviera como un duque.
 En verdad, se refería a que vivía la vida de una manera intensa. El énfasis en el segundo verbo.
Dijo no sabés como vivo, como quien dice no sabés como duermo.
 Es que él vivía concentrado en vivir. No se le escapaba un pedazo de cielo lleno de estrellas. Reconocía a su tristeza, la veía llegar como un ente concreto, como el cobrador de su seguro. O subtitulaba "un buen instante" ni bien lo notaba, como los noticieros dicen sintetizar lo destacado de una entrevista en el zócalo debajo de la pantalla.
Percibía el gotear de una canilla y el funcionar esporádico de la heladera en el enfático silencio de la madrugada.
Pero vivir con intención y detenimiento, no necesariamente cumple con el consejo repetido de todos los gurúes y santones.
En su asimilación del presente, había más preguntas que respuestas. Preguntas que además se debilitaban con el paso las horas. Ahí, bien tarde, es donde entraba la gota en la canilla, cayendo como un mantra sobre la pileta de acero, animalizando su humanidad, reuduciéndola a meros sentidos.
Los ojos como dos platos y un cigarrillo en la boca.