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lunes, 30 de septiembre de 2013

Encastre

La verdad quisiera que me vaya mejor así como soy. Quisiera creerme un poco menos equivocado y que me alcance la megalomanía 
para creer que es el mundo, la sociedad o el destino 
quienes se equivocan. 
Corregirme ya no me sale mientras crece mi sensación de no encajar. 
No quiero encajar y pago, todo el tiempo pago. Pago pero no quiero pagar ni puedo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Lápices

A la noche de esta noche la perdí entre muchas noches, la puse con la noche larga que representa a todas las terroríficas noches de la dictadura.
Veo sus caras y son todos mis hijas. Tienen, pegados en el cartel, esa miradita llameante contra la patria injusta.
Veo sus caras y son todos mis compañeros, igual que los otros, los que no reclamaban un boleto estudiantil.
Nadie tiene coronita entre mis compañeros!
Los chicos de La Plata fueron (son) el símbolo que hizo falta para denunciar la crueldad. Cuando fue necesario decir que no todos desparecieron por elegir la vía armada. ¡Si hasta los chicos se llevaron!, ¿no lo ven?.
Pero el tiempo acomodó la historia, y van nuestros queridos pibes apiñados en el camión de Blaquier, van con los delegados de la Mercedes Benz, van con los curas villeros, con los abogados laboralistas, se acomodan como pueden junto al cuerpo de Walsh.

Pero no, tienen que bajar.
Perdón compañeritos, los necesitan en la escuela.
Saben qué pasa, nunca se vacía del todo el Jarabe del Olvido.
Vengan y digan que estuvieron aquí. Vengan y arenguen a los pibes.
Vengan y díganles que hay que aguantar los trapos, que hay que pelearla si vuelven.
Vengan chicos, que nunca sobra la rebeldía y nunca falta el que ve en ustedes un peligro (y lo bien que hacen),
Esta noche, entre tantas noches, nos faltan sus lápices, sus queridos lápices.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Abuso de poder

Alguien me dice que hubo un caso de abuso en una escuela.
Mi primer pensamiento es para el niño abusado. Imagino su debilidad, el daño que puede haber recibido en su cuerpo y en su alma. Me pongo en lugar de los padres, qué sentirán, qué harán, cómo será su cara cuando su hijo o hija les da indicios de haber sido vejado por un adulto.
Mi segundo pensamiento es sobre el abusador. Lo odio de inmediato, sea quien sea.
Mi tercer pensamiento es sobre la causa que habrá de iniciarse. Espero que se sepa la verdad cuanto antes, para que no se repita el hipotético abuso en otros niños.
Mi cuarto pensamiento es acerca de la posibilidad de error. Y como éste podría hacer estragos en la vida del acusado.
Mi quinto pensamiento es sobre la imparcialidad del juez. No de la justicia, que es otra cosa. Me pregunto si el tribunal que se ocupe tendrá o no lobbistas detrás de los cortinados para influir sobre la sentencia.

En Mar del Plata, daría la sensación que el orden de prioridades es otro. Pareciera que el primer pensamiento de la mayoría, es el que para mí va cuarto. Pero ni siquiera en eso coincidimos, porque se lo piensa muy diferente. Se piensa que hay una corriente de padres estúpidos, violentos y especuladores que son capaces de sacrificar a sus hijos (por su propia estupidez, por su afán de lucro o por sus deseos de desprestigiar a la Iglesia Católica) haciéndoles creer, metiéndoles en la cabecita que fueron abusados sin haberlo sido. Entonces sí, pobrecito el docente o el cura implicado. Hay quien dice que le vende el pan y  que el acusado siempre lleva vuelto. Otro que todos sus hijos fueron a tal escuela y nunca fueron violados. Y así. Salen expertos de abajo de las piedras a decir que el implicado "no se corresponde con el perfil psicológico de un abusador". Imagino que se refieren a que nunca lo vieron colocando un chupetín sobre una red de pesca mientras se bajaban los pantalones. A los pederastas y a los psicópatas, supongo, se los reconoce a la legua.
Nadie quiere pensar en la existencia de abusos, aunque los abusos -al menos en alguna parte del mundo- existan.
Nadie quiere creer que las instituciones religiosas escondan a los degenerados, aunque el Vaticano se haya ocupado de hacerlo todo el tiempo (ahora, sin googlear recuerdo a Monseñor Storni, llevado desde Santa Fe a una recóndita biblioteca de la Santa Sede; recuerdo el repentino cambio de obispo de Mar del Plata, cuando Arancedo se fue redepente, cuando la investigación sobre el caso Nuestra Señora del Camino llevaba a un muy muy muy amiguito suyo, el cura Martínez, a las proximidades del principal sospechado, el Profe. Melo Pacheco. Pero eso no debo recordarlo, porque este último fue absuelto y toda la causa desestimada y ahora es reivindicado por el diario La Capital como "otra víctima de la psicosis colectiva")

 Entonces, como no queremos considerar las cosas más horribles, toda voz que las señale se nos antojará falsa. El paradigma platónico de la cueva.

Ciertamente, si el acusado de abuso a menores resultare por fin inocente, es una enorme e irreparable tragedia. Se que las brujas de Salem no eran brujas pero igual fueron quemadas. Pero para eso está la justicia, para poner las cosas en esa balanza suya. Entre dos sujetos del derecho en pugna, debería considerar siempre el más vulnerable. En mi ciudad no, en mi ciudad -con la anuencia de los medios dominantes- lo primero que se debe salvar, aun antes de oir qué tienen para decir los querellantes, es el prestigio del docente y de la institución. Todos conocemos a la carísima Dra. Perelló, paladina de este tipo de casos. Sale por todas las radios, muestra sus atributos faciales y legales en el principal diario. Nadie mejor capacitada, nadie más demoledora con la contraparte.

 Antes de concluir, quiero recordar algo. Esta santísima y amante de la verdad, iglesia católica marplatense, montó, hace ya muchos años, una hermosa opereta.
 Resulta que un grupo de piqueteros, en 1999, tuvo la (poco feliz) idea de tomar la Catedral. Después de varias semanas, convocó a un bello personaje para que represente a un feligrés al que no le dejaban rezar. Fue entrevistado por el corresponsal de Canal 13, que justo justo pasaba por ahí. Después de su sufrido testimonio, el devoto y un grupo que venía por los pasillos, sacaron a palazo limpio a hombres, mujeres y niños que afeaban el templo.
El beato era Ricardo Oliveros.

Les pregunto, defensores de la docente del Colegio Gianelli, de qué no son capaces los que la representan legalmente. Por qué cerramos el debate antes de que sea abierto.
Yo tampoco quiero que sea verdad lo que dicen los padres de las criaturas. Sería horroroso.
Pero, ¿y si lo fuera?

Por qué escribo

Necesito aclarar que pienso todo el tiempo; y que cuando no estoy pensando es porque estoy dormido. Y entonces sueño, y dormido hablo, me quejo, discuto. Me acostumbré a llevar siempre un vaso de agua a la mesa de luz, porque también debo dar conferencias, y se me seca la boca.
Por eso escribo bastante. No por afán de recibir un reconocimiento que posiblemente no merezca, sino por una pulsión irrefrenable de poner en palabras lo que pienso o siento.
 Escribir es casi como cagar.

martes, 10 de septiembre de 2013

Seguro contra todo riesgo

La seguridad te la da el Estado.
En estos días lleva cara de correntino y se para de a dos en muchas esquinas, con uniforme de Prefectura.
La seguridad consiste en mirar o en ser mirado desde un centro de avistaje. Las cámaras pueden verlo todo, y basta con eso para estar a salvo.
La seguridad se compra, en multiplicidad de productos y precios, que va desde un aerosol con gas pimienta hasta sofisticadas alarmas monitoreadas, constituyendo partículas de seguridad.
La seguridad son hábitos de resguardo y de sospecha.

Pero si el esfuerzo de consuno entre el Estado y los particulares fallare, habrán de adoptarse medidas drásticas. Linchamientos, ejecuciones, escuadrones de la muerte, escarmientos, esas cosas. Se buscarán, para llevarlas a cabo, a hombres sin escrúpulos, de probada experiencia en derramar la sangre necesaria cuando sea necesario.
Porque acabar con las hormigas de una puede no ser eficaz, pero es divertido y relajante.
Entonces, cuando media sociedad vigile y amedrente a la otra mitad, llegaremos por fin, algún día, a la tan deseada seguridad.
Claro, siempre habrá quien nos diga que no se siente seguro porque las topadoras, que abren paso a una nueva torre de departamentos, hacen temblar las paredes de su casa. No faltará el indígena que no se sienta a gusto con la vecindad de la soja. Puede que algún adolescente practique sexo no seguro, porque al gobierno de su provincia no le parece oportuno brindar educación sexual y alguna mujer se muera mientras aborta en un quirófano clandestino. O que un niño diga sentirse desprotegido por la violencia que gobierna en su casa.

A todos ellos hemos de explicar que cuando hablábamos de seguridad, nos referíamos a la propiedad privada y a la vida de sus dueños.
Todo lo demás es silvestre, todo lo demás es afuera y no me interesa.

Y ahora con permiso, voy a digitar la clave secreta de la alarma.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Mientras el sistema dice combatir los métodos de tranquilización...



Imaginate un mundo sin:

marihuana
cocaína
paco
metanfetamina
éxtasis
clonazepan
rivotril
rohipnol
viagra
prozac
celulares
internet
facebook
twitter...
                      Ellos ya se lo imaginaron. Por eso nada falta.

domingo, 8 de septiembre de 2013

De capitales y choferes.


El Capital argentino puede comprar los mejores autos, pero no sabe manejarlos.
Nacido con una cuchara de oro metida en la boca, criado en la abundancia, satisfechos sus más pequeños caprichos por un ejército de niñeras, protegida su dermis con delicadas almohadas, El Capital es -ya grande- un total inútil para lidiar con las pícaras escaramuzas de la calle (para dominar la calle, hay que tener calle). Además, el único barro que El Capital conoce ha sido el de los partidos de rugby.

De modo que desde hace mucho El Capital cuenta con un mismo Chofer. En realidad es toda una familia que va heredando el volante, pero para la Casa del Amo se trata siempre del mismo. Él sí que sabe para dónde hay que ir, qué cortadas agarrar, adónde prepear y adónde ceder el paso, cuándo tirarse a derecha e izquierda.
El Capital a veces refunfuña, porque de vez en cuando el Chofer sube algún desharrapado que hace dedo, pero más tarde o más temprano vuelve a bajar. 

Hay mañanas en que parecen - el Capital y el Chofer- hablar el mismo idioma. Bromean, se elogian, el ambiente adentro es distendido.

Otras mañanas se odian. Él conduce en silencio, profieriendo insultos y amenazas por lo bajo. El otro lo provoca haciendo llamadas en voz muy alta, pidiendo a sus empleados que le busquen otros choferes. Lo que el que maneja no llega a escuchar -la respuesta del otro lado del celular-  bien lo puede imaginar: no hay otro como el viejo Chofer. Su sabiduría no se enseña en ninguna escuela. Los años de asir el volante le permiten leer el flujo del tránsito, adivinar las intenciones individuales, descular la semiótica de las luces, reaccionar como un rayo ante los imponderables más bien ponderados.

Todos queremos saber si alguna vez el Chofer se irá por su cuenta como canta en su canción, si dejará al Capital librado a su propia muñeca. Porque uno puede inferir que hay un odio mutuo enquistado en cada corazón.
De momento, lo único seguro es que seguirán rigiendo los destinos de la calle.
Porque todas las calles llevan el nombre de conductores y conducidos.

Escasean, por estos tiempos, los homenajes a los peatones.

  Van las jaulas rodando para arriba o para abajo, por los valles y las colinas. Algunos aletean y fingen ignorar su cautiverio, tratando de evitar el choque contra las paredes. Otros se entregan al destino visible, aferrados de sus palitos, comiendo su alpiste, cantando y saltando, adornando con flores los barrotes.
 En ocasiones los alambres se entrelazan y forman grupos de jaulas que ruedan juntas con mucho estrépito. Eso da mucha alegría a los pajaritos, aunque se pueda sospechar que la alianza no durará para siempre.

 Somos eso, confederaciones ocasionales de pájaros solitarios.