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sábado, 1 de julio de 2017

La era está pariendo un patadón


  Tenés que ver Requiem for the American Dream, la película de Noam Chomsky donde el groso linguista y activista norteamericano cuenta cuál es el decálogo del poder para hacerse más gordo.
Uno de los puntos refiere a la rotura de los lazos de solidaridad.
Dice Noam que sus hijos ya son grandes y no van a la escuela, pero que él paga contento sus impuestos para que puedan estudiar millones de pibes de su país. Dice que esa lógica está siendo atacada por quienes detentan el poder.
Por eso te pido que la veas, porque esas estrategias se están usando acá con toda la furia.
Basta ver los comentarios debajo de noticias que hablan de gente perdida en montañas, mujeres que desaparecieron y reaparecen. Que pagan la búsqueda de su bolsillo! Por qué tengo que buscar tarados con mis impuestos!
  Detrás de esos pelotudos que comentan, hay ricos frotándose las manos. Porque del otro lado de la conciencia colectiva, en el otro extremo del carácter solidario del pago de impuestos, hay empresas que quieren que cada uno pague lo que pueda por los servicios que todavía brinda el Estado. ¿Querés seguridad? Pagá ¿Querés que te busquen si te perdiste? Aboná en caja. ¿Necesitás una mano porque te ahogás? Ahí corre un guardavidas con una factura sumergible.
  Es en ese contexto que aparece una diputada analfabeta del pro a proponer que vacunar sea optativo. Vacunar a los pibes debe ser el consenso social más acendrado, es lo obvio, lo que se hace por la salud de nuestros hijos y por la salud de los ajenos, lo indiscutible.
  Prospere el proyecto o no, se explica como clima de época. Porque ocurre que la campaña de destrucción del Estado Benefactor conoció al neohippismo, hicieron un retiro espiritual, cantaron mantras, cogieron y de ese encuentro salió una horrenda criatura a la que bautizaron Meritocracia.
 Meritocracia ama a los animales, dice tener conciencia planetaria, se enyoguiza, cree en la neurociencia como secreto para la felicidad, fluye, suelta, tiene buena onda y te grita que si querés  -en plena libertad de conciencia- vacunar a tus hijos, lo pagues. Que pagues el fútbol, que pagues el agua. Meritocracia, en su media lengua, balbucea que quiere que pagues. Y sus papis sonríen y se fuman un churro orgánico.

Mirá la peli, te explica todo.

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